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El bloqueo del estrecho de Ormuz en marzo de 2026 ha provocado lo que la Agencia Internacional de la Energía califica como la mayor disrupción de suministro energético desde la crisis de 1973, con efectos directos sobre las materias primas que alimentan los crackers y las plantas gasintensivas europeas.
Este artículo analiza el impacto diferenciado de la crisis sobre los seis principales polos petroquímicos y químicos españoles, evalúa los escenarios a corto y medio plazo y examina los factores que determinarán si los complejos españoles salen reforzados o debilitados de la década.
La crisis del estrecho de Ormuz de marzo de 2026 no es un episodio aislado. Es la tercera disrupción grave de las cadenas energéticas europeas en cuatro años (tras el corte del gas ruso en 2022 y los ataques hutíes en el mar Rojo entre 2023 y 2024) y tiene una diferencia cualitativa respecto a las anteriores. Irán no se ha limitado a cerrar el estrecho como represalia.
Ha declarado, a través del portavoz de su Parlamento, que Ormuz «nunca volverá a tener el estatus que tenía». Ha iniciado procedimientos legislativos para imponer un peaje de tránsito en riales (moneda nacional iraní).
Ha condicionado la navegación a autorizaciones selectivas de su Guardia Revolucionaria. Y ha encontrado el respaldo de China y Rusia, que el 7 de abril vetaron en el Consejo de Seguridad la única resolución que proponía un marco multilateral de seguridad marítima para el estrecho.