4 de septiembre, 2018 Medioambiente comentarios Bookmark and Share
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El Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (ITENE) ahondará en su estrategia de impulso a la transición hacia una economía circular en Europa con un nuevo proyecto denominado Scalibur, en el que se promoverá la recuperación de residuos orgánicos y su transformación en bioproductos de alto valor añadido, que se suma a la iniciativa Plasticircle, con objetivos similares en el ámbito de los residuos plásticos.

Acrónimo de Scalable technologies for bio-urban waste recovery (Tecnologías escalables para la recuperación de residuos biourbanos), SCALIBUR busca reducir la brecha entre la viabilidad tecnológica y las aplicaciones industriales en el campo de la valorización de residuos orgánicos urbanos, reforzando la cooperación estratégica entre distintos sectores. De esta manera, contribuirá a dos desafíos europeos: reducir los depósitos en vertederos y lograr una economía circular en 2030. El proyecto SCALIBUR será ejecutado entre 2018 y 2022, y recibirá financiación a través de Horizonte 2020, el actual programa marco de investigación e innovación de la Unión Europea.

Esta iniciativa tomará como modelo la localidad de Lund, en Suecia, para transferir su experiencia en la recolección de residuos orgánicos a tres ciudades: Madrid (España), Albano Latino (Italia) y Kozani (Grecia). Durante la implementación del proyecto se realizará un estudio sobre la calidad, logística y esquemas de gestión de la fracción orgánica de los residuos sólidos municipales y del fango de aguas residuales urbanas para incorporar sistemas y tecnologías innovadoras y obtener productos de alto valor basados en materias bio, como bioplásticos, biofertilizantes, biopesticidas y proteínas para alimentos y piensos.

Por una parte, los residuos sólidos del canal horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) se transformarán -a través de la cría de insectos- en proteínas, lípidos y quitina. Por otro lado, los desechos depositados en los contenedores de recogida selectiva de materia orgánica y las partes orgánicas presentes en las aguas residuales permitirán generar biopesticidas y bioplásticos a través de un proceso de hidrólisis enzimática de alto contenido sólido –es decir, la descomposición de sustancias orgánicas por acción del agua con intervención de unas enzimas llamadas hidrolasas - seguida por una fase de fermentación.

Además, el biogás resultante tanto de los residuos sólidos como de las aguas residuales será transformado mediante un tratamiento bioelectroquímico para obtener productos químicos básicos y bioplásticos como el PHBV.

El objetivo principal es lograr la recuperación del plástico en la misma cadena de valor, aplicando un enfoque de economía circular, y sus resultados serán probados en las ciudades de Valencia (España), Utrecht (Países Bajos) y Alba Iulia (Rumanía).

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