4 de febrero, 2026 XML
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La provincia china de Jiangsu acaba de activar una de las piezas más ambiciosas de su transición energética. En enormes cavernas de sal excavadas en el subsuelo, el aire se convierte ahora en una forma de energía lista para ser guardada y liberada cuando la red lo necesita.

El proyecto Guoxin Suyan Huai’an representa un salto de escala en el almacenamiento energético a gran potencia. Con 600 megavatios de capacidad instalada y 2,4 gigavatios hora de almacenamiento, el sistema puede entregar electricidad de forma continua durante cuatro horas, justo en ese momento crítico en el que la demanda se dispara y la producción renovable suele caer.

Cuando sobra electricidad en la red —por ejemplo, en horas de mucho viento o sol—, esa energía se utiliza para comprimir aire y almacenarlo en cavernas de sal a alta presión. El subsuelo actúa como un depósito natural, hermético y estable.

Cuando llega el pico de consumo, el proceso se invierte. El aire comprimido se libera, se calienta y mueve turbinas que generan electricidad. La clave está en el calor: en lugar de desperdiciarlo, el sistema lo almacena en sales fundidas y agua térmica presurizada, lo que permite mejorar notablemente la eficiencia del ciclo.

Según los datos técnicos del proyecto, la instalación alcanza una eficiencia energética del 71 %, una cifra alta para este tipo de tecnologías a gran escala. Y, lo más importante, sin necesidad de quemar gas u otros combustibles fósiles para recalentar el aire, como ocurría en generaciones anteriores de sistemas CAES.

A pleno rendimiento, la planta podrá generar hasta 792 gigavatios hora al año, suficiente para cubrir el consumo eléctrico de unas 600.000 viviendas. En términos ambientales, las autoridades energéticas chinas estiman una reducción anual de 250.000 toneladas de carbón y 600.000 toneladas de dióxido de carbono.

De esta manera, el almacenamiento deja de ser un complemento y pasa a convertirse en un estabilizador estructural de la red, una especie de amortiguador entre la producción intermitente y el consumo real de la población y la industria.

Cavernas de sal

El uso de cavernas de sal no es casual. Estas formaciones geológicas son estancas, abundantes en muchas regiones del mundo y ya se utilizan para almacenar gas natural o hidrógeno. Reaprovecharlas para energía eléctrica abre una puerta interesante a infraestructuras menos invasivas en superficie.

Fuera de China, el interés por este tipo de soluciones está creciendo. En Australia, por ejemplo, se está desarrollando un sistema de 200 megavatios con hasta ocho horas de almacenamiento como parte de una microrred renovable en Broken Hill. En Norteamérica, hay instalaciones operativas y nuevos proyectos en fases avanzadas de desarrollo que buscan integrar esta tecnología con grandes parques solares y eólicos.

En zonas con salinas subterráneas, esta tecnología puede convertirse en una alternativa real para almacenar grandes cantidades de energía durante horas, algo que sigue siendo caro y complejo con sistemas puramente electroquímicos.

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