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La multinacional petrolera inauguró su planta de tratamiento de crudo y gas modelo en Bajada de Añelo (Argentina), área donde conectará 11 pozos hasta 2027 para pasar de la producción actual de 8 mil barriles diarios hasta alcanzar -según estimaciones previstas- los 15 mil.
El nuevo sistema de procesamiento en Bajada de Añelo permitirá ampliar la capacidad de producción y optimizar la eficiencia energética, con foco en seguridad y ambiente.
Cabe destacar que todo el dispositivo, puede procesar hasta 20.000 barriles diarios de petróleo y 2,5 millones de metros cúbicos de gas. Se denomina Early Processing System (EPS) e incluye una planta EPF (Early Processing Facility). Esto comprende sistemas de separación y gathering, dos plantas de recuperación de vapor, abastecimiento energético, oleoductos y gasoductos de evacuación, y wellpads dentro de la infraestructura que permitirá la expansión del bloque.
Bajada de Añelo abarca una superficie de 200 kilómetros cuadrados. El área presenta un desafío técnico particular para los ingenieros de reservorios: se ubica en la zona de transición de la formación. En una extensión acotada, el comportamiento del subsuelo cambia radicalmente. En un extremo del bloque predomina el crudo volátil; en el opuesto, el gas rico con condensados. La relación gas-petróleo varía hasta diez veces entre ambos puntos.
Para domar esa geología, Shell y su socia YPF diseñaron la planta EPF, que demandó más de tres años de construcción, tras lidiar con factores externos como la pandemia y otros made in Argentina como el cepo cambiario y las insólitas trabas a las importaciones.
“Este hito es fundamental en nuestros planes de desarrollo de Bajada de Añelo ya que nos permitirá ampliar la capacidad de procesamiento y producción de petróleo y gas en el área y profundizar nuestro conocimiento de la ventana de transición de Vaca Muerta”, explicó Germán Burmeister, presidente de Shell Argentina, Chile y Uruguay, durante una visita de prensa a las instalaciones.
En este caso, a través de un innovador sistema de automatización, el diseño de la planta busca optimizar la performance de procesamiento y producción de petróleo y gas, maximizar la eficiencia energética y lograr un óptimo cuidado de la seguridad y el ambiente.
Buena parte de las empresas del segmento no convencional están buscando, principalmente, dos logros principales. Optimizar sus operaciones, algo que redunda en mejores costos y competitividad ante los vaivenes del precio del crudo -el petróleo manda en este momento de Vaca Muerta, desde donde sale el 70% de la producción nacional-.
Y también buscan mejorar el impacto que se mide en la huella de carbono. Es un paso central: al margen de la mejora del proceso, la arista ambiental talla en el amplio espectro que va desde la política energética hasta un mejor acceso al mercado de capitales y las chances exportadoras.
Cabe recordar que la puesta en marcha de la planta ocurrió hacia finales de 2025. Los técnicos de Shell definen aquel proceso como un flawless start-up: un arranque impecable, con un acelerado ramp-up de producción y, fundamentalmente, sin incidentes de seguridad ni ambientales, un hito relevante para una obra que involucró a más de 140 contratistas y generó empleo directo e indirecto para 1.500 personas, con picos de 300 operarios en simultáneo.
La estrategia de perforación mantiene un ritmo constante para alimentar la nueva infraestructura. Quince pozos aportan hoy su producción al sistema. La actividad se intensificará con la campaña 2026, que prevé la terminación de siete nuevos pozos en el área.
La operadora utiliza un esquema de eficiencia con dos equipos de torre. Un Spudder rig se encarga de las guías y la sección vertical superficial, mientras que un equipo High Spec de tipo Walking Rig perfora las ramas laterales de hasta 3.000 metros. Esta combinación reduce tiempos muertos y optimiza los costos de desarrollo.
El cronograma se extiende hacia el futuro inmediato con la mirada puesta en llenar la planta. Para 2027, la compañía planifica la perforación de otros cuatro pozos. Con esta secuencia, Shell estima completar la capacidad de carga de la EPF y validar el potencial masivo de la ventana de transición.
El tipo de crudo varía dentro del acreaje en este yacimiento, que se convierte en uno de esos nuevos polos de desarrollo, ampliando el margen de injerencia más allá de Añelo. Es ahí donde toma mayor sentido aquello de “ventana de transición”. Es la transición entre dos polos, para simplificarlo. En uno sale más gas y hacia otro más petróleo. En medio, diferentes tipos y densidades de shale. “La planta está preparada para distintos tipos de petróleo y, en base a lo que vayamos probando, ahí cobrará sentido la siguiente expansión dentro del área”, afirmó Burmeister durante la visita.
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