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Un equipo internacional demuestra por primera vez que determinados microorganismos pueden transformar el uranio disuelto en un compuesto químico estable, reduciendo su movilidad y ofreciendo nuevas perspectivas para la descontaminación ambiental de antiguas explotaciones mineras y zonas afectadas por residuos radiactivos.
La naturaleza vuelve a demostrar que puede ofrecer soluciones a algunos de los problemas ambientales más complejos. Un grupo de investigadores del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR), en colaboración con la empresa alemana Wismut GmbH y científicos de la Universidad de Granada, ha descubierto que ciertas bacterias son capaces de transformar el uranio disuelto en agua en un compuesto químico estable, un hallazgo que podría marcar un antes y un después en las estrategias de descontaminación de entornos afectados por materiales radiactivos.
Los resultados, publicados en la prestigiosa revista Nature Communications, muestran que estos microorganismos consiguen modificar el estado químico del uranio cuando disponen de glicerol como fuente de carbono, generando una forma del metal que hasta ahora solo se había observado de manera transitoria y que, sorprendentemente, permanece estable durante largos periodos de tiempo.
Aunque el uranio suele encontrarse inmovilizado de forma natural en los minerales del subsuelo, las actividades mineras, los procesos industriales o determinados cambios en las condiciones químicas del terreno pueden convertirlo en una forma soluble, capaz de desplazarse con las aguas subterráneas y superficiales.
Esta movilidad representa un importante problema ambiental porque el uranio no solo es radiactivo, sino también químicamente tóxico, pudiendo afectar tanto a los ecosistemas como a la salud humana si alcanza acuíferos o fuentes de abastecimiento.
Precisamente por ello, desde hace décadas la comunidad científica busca métodos eficaces para inmovilizar este elemento y evitar su dispersión.
El estudio demuestra que determinadas bacterias presentes en aguas procedentes de antiguas minas son capaces de alterar profundamente la química del uranio.
Durante los experimentos, los investigadores comprobaron que, tras 130 días de actividad bacteriana alimentada con glicerol, el uranio disuelto acababa transformándose en un compuesto mucho más estable y menos propenso a desplazarse por el medio ambiente.
Lo más llamativo es que el proceso genera una forma pentavalente del uranio (U(V)) estabilizada junto con uranio tetravalente (U(IV)), una configuración que hasta ahora se consideraba únicamente un estado intermedio dentro de las reacciones químicas del metal.
Según los autores, este comportamiento no se había observado anteriormente en condiciones naturales.
El descubrimiento abre nuevas posibilidades para la denominada biorremediación, una técnica que aprovecha microorganismos para eliminar o neutralizar contaminantes.
Si futuras investigaciones confirman que este mecanismo puede reproducirse a gran escala, las bacterias podrían convertirse en una herramienta natural para reducir la contaminación por uranio en antiguas explotaciones mineras, balsas de residuos radiactivos o acuíferos contaminados, disminuyendo la necesidad de tratamientos químicos más costosos y agresivos.
No obstante, los propios investigadores llaman a la prudencia. Aunque los resultados son muy prometedores, todavía es necesario comprender con detalle los procesos bioquímicos implicados y comprobar su eficacia en escenarios reales, donde intervienen numerosos factores ambientales difíciles de reproducir en laboratorio.
La capacidad de algunas bacterias para interactuar con el uranio no es completamente nueva. Desde hace años se sabía que determinados microorganismos podían reducir químicamente el uranio soluble y favorecer su precipitación, limitando parcialmente su movilidad. Sin embargo, el nuevo trabajo aporta un elemento completamente novedoso: la obtención de un compuesto estable con un estado de oxidación que hasta ahora solo se consideraba temporal, lo que podría modificar la comprensión científica de estos procesos.
Este avance proporciona además nuevas pistas sobre el comportamiento del uranio en ambientes naturales y podría contribuir al desarrollo de tecnologías más sostenibles para la gestión de residuos radiactivos.
El equipo del HZDR continuará investigando cómo interactúan estas bacterias con el uranio y qué condiciones favorecen la formación del nuevo compuesto estable.
El objetivo final es determinar si este fenómeno puede aprovecharse en proyectos de descontaminación ambiental a gran escala y convertirse en una alternativa viable para recuperar espacios degradados por la actividad minera o por residuos nucleares.
Aunque aún queda camino por recorrer antes de una aplicación práctica, el hallazgo representa uno de los avances más relevantes de los últimos años en el campo de la biorremediación de metales radiactivos, al demostrar que la propia naturaleza podría ofrecer soluciones eficaces para contener uno de los contaminantes más persistentes del planeta.
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