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La industria del refino española reclama un marco regulatorio estable que permita mantener su competitividad y acelerar la descarbonización de unas instalaciones consideradas esenciales para garantizar el suministro energético del país.
El sector defiende que España parte de una posición privilegiada en Europa gracias a una red de refinerías moderna, flexible y preparada para integrar combustibles renovables e hidrógeno.
La reciente crisis energética internacional y las tensiones geopolíticas han vuelto a poner de manifiesto la importancia de disponer de una industria de refino sólida y diversificada. Mientras varios países europeos redujeron su capacidad de refino durante la última década, España mantuvo y modernizó sus ocho refinerías, consolidando uno de los sistemas más competitivos y flexibles de la Unión Europea.
La fortaleza del refino no solo resulta determinante para garantizar el suministro de combustibles. También constituye un pilar fundamental para la industria química, ya que proporciona materias primas esenciales para la producción de plásticos, fertilizantes, disolventes, productos intermedios y numerosas especialidades químicas utilizadas por distintos sectores industriales.
En 2025, los combustibles líquidos representaron el 53,9 % del consumo energético nacional, una demanda cubierta mayoritariamente mediante producción realizada en España. Además, las refinerías españolas procesan petróleo procedente de más de veinte países, lo que incrementa la seguridad de suministro frente a posibles interrupciones derivadas de conflictos internacionales.
Desde el sector se insiste en la necesidad de desarrollar un Plan Estratégico para la Descarbonización del Refino, que permita integrar esta industria dentro de las políticas energéticas e industriales tanto nacionales como europeas.
El objetivo pasa por impulsar la producción de combustibles renovables, favorecer el desarrollo del hidrógeno renovable y reducir progresivamente las emisiones, sin comprometer la competitividad de unas instalaciones que continúan siendo estratégicas para el tejido industrial español.
El sector considera que España dispone de ventajas competitivas para convertirse en uno de los principales polos europeos de producción de combustibles bajos en carbono, gracias a la capacidad tecnológica de sus refinerías y a la creciente implantación de proyectos vinculados al hidrógeno y a los combustibles renovables.
No obstante, las empresas reclaman un marco regulatorio estable, inversiones sostenidas y una política industrial alineada con los objetivos europeos de descarbonización, con el fin de preservar la capacidad productiva, garantizar el suministro energético y reforzar la competitividad de la industria química y petroquímica española en un escenario internacional cada vez más exigente.
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