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BASF ha inaugurado oficialmente su planta completamente modernizada de cloruros de ácido y cloroformiatos (ACCF) en el complejo químico de Ludwigshafen, Alemania.
La actuación supone una inversión de varios cientos de millones de euros y permite incrementar aproximadamente un 30 % la capacidad productiva de la instalación.
La modernización responde al objetivo de BASF de reforzar su posición como uno de los principales productores mundiales de estos intermedios químicos y, al mismo tiempo, mejorar la fiabilidad del suministro para clientes de diferentes mercados. La compañía dispone también de producción de cloruros de ácido y cloroformiatos en Yeosu, Corea del Sur.
Los productos fabricados en la instalación de Ludwigshafen constituyen materias primas e intermedios para numerosas cadenas de valor químicas. Entre sus aplicaciones se encuentran la fabricación de productos farmacéuticos, fitosanitarios, peróxidos orgánicos, recubrimientos, plásticos y mezclas de caucho. El aumento de capacidad permitirá responder a la evolución de la demanda mundial de estos productos.
Uno de los elementos destacados del proyecto es la integración de criterios de sostenibilidad en la renovación de la infraestructura productiva. Desde 2025, BASF produce toda su cartera de aproximadamente 25 cloruros de ácido y cloroformiatos en Ludwigshafen utilizando certificados de electricidad renovable, incluyendo los procesos de materias primas situados aguas arriba.
Según los cálculos de la compañía, esta transición ha permitido reducir en torno a un 19 % la huella de carbono de producto media de esta cartera. La reducción contempla las emisiones de Alcances 1, 2 y 3.1 y se calcula tomando como referencia un escenario sin utilización de certificados de electricidad renovable.
La compañía destaca además que esta reducción de la huella de carbono se consigue sin modificar las especificaciones de los productos, sus certificaciones ni los procesos de pedido, facilitando a los clientes la incorporación de alternativas con menor impacto climático en sus propias cadenas de suministro.
La nueva instalación representa también una apuesta por mantener la competitividad de la producción química europea. La compañía señala que la combinación de mayor capacidad, seguridad de suministro y menor huella de carbono permitirá generar valor para los clientes y contribuir a sus procesos de transformación hacia modelos productivos más sostenibles.
La actuación se integra en la estrategia de BASF para transformar progresivamente sus instalaciones mediante el uso de electricidad renovable, materias primas alternativas y tecnologías destinadas a reducir las emisiones asociadas tanto a la fabricación como a los productos.
El proyecto refuerza así el papel de Ludwigshafen como uno de los principales centros productivos de BASF y como plataforma para atender mercados internacionales de intermedios químicos de alto valor añadido.
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