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Los cambios introducidos durante periodos de menor dotación de personal pueden quedar incorporados a la operativa sin que se actualicen los inventarios, evaluaciones de riesgos o fichas de datos de seguridad.
La vuelta a la actividad habitual tras el periodo estival pone de manifiesto un riesgo que puede pasar inadvertido en las instalaciones químicas: el denominado “safety drift”, o deriva de seguridad. El fenómeno aparece cuando modificaciones inicialmente temporales en la operativa terminan convirtiéndose en prácticas habituales sin que los procedimientos, evaluaciones de riesgos y controles de seguridad se actualicen al mismo ritmo.
El problema puede comenzar con una situación aparentemente menor. Una interrupción en el suministro puede obligar a utilizar un producto químico alternativo, mientras que trabajos de mantenimiento pueden hacer necesario almacenar sustancias fuera de sus ubicaciones habituales. Durante periodos con menos personal disponible, estas soluciones permiten mantener la actividad, pero la actualización posterior de los registros o de las evaluaciones de riesgos puede quedar pendiente.
Con el tiempo, una medida concebida como provisional puede integrarse en la rutina. El sustituto continúa utilizándose, una sustancia permanece almacenada en una ubicación diferente o un procedimiento modificado se consolida porque los trabajadores se han acostumbrado a él. La práctica deja entonces de percibirse como excepcional, aunque la documentación que debería controlar el riesgo siga describiendo la situación anterior.
La deriva no se limita a las operaciones físicas. También puede producirse en la gestión de inventarios y de la información de seguridad. Las fichas de datos de seguridad (SDS) pueden quedar desactualizadas respecto a las características o clasificación de una sustancia, mientras que los cambios regulatorios introducen nuevas obligaciones que deben trasladarse a la documentación y a las instrucciones de manipulación.
Esta cuestión adquiere especial relevancia actualmente en Europa por la aplicación de las nuevas clases de peligro incorporadas al Reglamento de Clasificación, Etiquetado y Envasado (CLP). Las sustancias comercializadas en la UE antes del 1 de mayo de 2025 deberán cumplir las nuevas clases de peligro a partir del 1 de noviembre de 2026, mientras que las mezclas comercializadas antes del 1 de mayo de 2026 disponen hasta el 1 de mayo de 2028 para adaptarse.
El desfase entre la realidad de una planta y la información disponible para quienes trabajan en ella puede generar, por tanto, un riesgo que no siempre resulta visible. Una instalación puede mantener procedimientos formales de seguridad, pero si estos no reflejan los productos realmente utilizados, sus ubicaciones o las condiciones actuales de operación, el sistema de control pierde capacidad preventiva.
La prevención del safety drift pasa por identificar y cerrar los cambios temporales introducidos durante situaciones excepcionales. Esto implica comprobar que los productos recibidos coinciden con los registros de inventario, revisar si las sustituciones han afectado a las evaluaciones de riesgos y verificar que cualquier modificación de clasificación se ha trasladado a las instrucciones y documentación correspondientes.
El objetivo no es eliminar cualquier solución provisional, sino garantizar que cada cambio tenga un responsable, una evaluación y un proceso de cierre. De esta manera se evita que una decisión adoptada para resolver un problema puntual termine convirtiéndose, por inercia, en una nueva forma de trabajar sin haber evaluado sus consecuencias.
En instalaciones químicas de alta peligrosidad, donde pequeñas desviaciones pueden acumularse hasta generar escenarios de mayor riesgo, mantener alineados “lo que está escrito” y “lo que realmente se hace” constituye uno de los elementos esenciales de una cultura de seguridad eficaz.
Fuente: Speciality Chemicals Magazine
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