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La energía nuclear se ha situado de nuevo en el centro de las estrategias energéticas globales como una pieza clave para garantizar la seguridad del suministro, la estabilidad de los precios y la descarbonización efectiva de los sistemas eléctricos.
Esta conclusión es una de las más relevantes del World Energy Outlook 2025, el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que refleja un cambio de tendencia profundo: la energía nuclear está experimentando un auténtico regreso, impulsada tanto por las dinámicas de demanda como por la imperiosa necesidad de reducir emisiones en un contexto de crecimiento económico y tecnológico acelerado.
Tras el accidente de Fukushima en marzo de 2011, el crecimiento global de la capacidad nuclear fue limitado en comparación con otras fuentes energéticas. Sin embargo, el informe de la Agencia Internacional de la Energía destaca que las proyecciones para las próximas décadas muestran un aumento significativo de la capacidad nuclear instalada. Bajo el escenario basado en las políticas vigentes, según el informe, se espera que la capacidad mundial aumente de aproximadamente 420 GWe eléctricos en 2024 a cerca de 728 GWe en 2050, lo que representa al menos un incremento de un tercio respecto a los niveles actuales.
Este cambio responde a una combinación de factores que apuntalan la importancia de la energía nuclear: el crecimiento sostenido de la demanda eléctrica, particularmente por nuevas instalaciones industriales intensivas en energía y los centros de proceso de datos, y la necesidad de asegurar un mix energético fiable y sostenible.
Distintos estudios elaborados por expertos en la materia coinciden en que la transición energética a nivel global no puede prescindir de fuentes capaces de suministrar electricidad continua, competitiva y libre de emisiones de carbono. La energía nuclear, con su capacidad de generación en base estable y fiable, sigue siendo una de las opciones más eficaces para cumplir estos objetivos. La energía nuclear aporta actualmente, en torno al 9 % de la electricidad global y más del 20% de la electricidad sin emisiones de CO2, cifras que podrían crecer en las próximas décadas si se mantienen los ritmos de inversión y despliegue previstos.
La AIE subraya que más de 40 países ya han incorporado o incrementan el papel de la energía nuclear en sus estrategias energéticas, impulsando proyectos que van desde reactores de diseño convencional hasta nuevas generaciones tecnológicas, incluidos los reactores modulares pequeños (SMRs por sus siglas en inglés), capaces de complementar los sistemas eléctricos con una inversión menor, mayor flexibilidad y adaptabilidad a mercados eléctricos emergentes.
El informe de la Agencia Internacional de la Energía refleja un crecimiento considerable en la inversión en energía nuclear, más del 50% en los últimos cinco años, con cifras anuales que superan los 70.000 millones de dólares, dependiendo del escenario proyectado. Esta inversión se destina tanto a plantas convencionales de gran tamaño como a nuevos diseños y tamaños de reactores, lo que indica una diversificación de opciones tecnológicas y modelos de negocio en el sector.
Además, según la AIE, existen más de 70 GW de nueva capacidad nuclear en construcción, uno de los mayores niveles observados en las últimas tres décadas, señal de que la industria está empezando a materializar el potencial que muchos analistas han anticipado desde hace años.
Los reactores modulares pequeños han emergido como una de las principales fuentes de innovación en el sector nuclear. Se espera una reducción de los tiempos y costes de construcción, así como una mayor flexibilidad operativa frente a los grandes reactores convencionales. Aunque aún se encuentran en fases tempranas de despliegue comercial, los SMRs están atrayendo interés porque pueden integrarse con mayor facilidad en redes eléctricas más pequeñas y en mercados donde la demanda eléctrica crece de forma dinámica.
Este enfoque tecnológico agiliza la construcción de los reactores y abre la puerta a una versatilidad en sus aplicaciones, desde el suministro local de energía hasta usos industriales con procesos de alta temperatura, producción de hidrógeno o desalación de agua de mar.
Por su parte, la Asociación Nuclear Mundial (World Nuclear Association, WNA) ha publicado la primera edición de su informe World Nuclear Outlook Report, en el que recopilado los objetivos de los gobiernos nacionales en materia de capacidad nuclear para 2050 y los ha evaluado junto con los planes para la extensión de la operación de los reactores existentes, la finalización de los que están en construcción y la ejecución de los proyectos planificados y propuestos. La WNA concluye que estos objetivos superarían con creces el objetivo de triplicar la capacidad nuclear mundial en 2050, que fue propuesto por 25 países en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28) en Dubái en diciembre de 2023 y a los que se han adherido 8 países más en las COP29 y COP 30 de Bakú en noviembre 2024 y Belèm en noviembre 2025.
Según este informe, “la capacidad nuclear mundial aumentaría significativamente hasta 2050 si la operación continua de los reactores existentes y el despliegue de nuevas centrales nucleares cumplen con los objetivos establecidos por los gobiernos para los objetivos nacionales individuales. Cuando todos los reactores operativos, en construcción, planificados, propuestos y potenciales se integren, la capacidad mundial total podría alcanzar los 1.446 GWe, muy por encima del objetivo de 1.200 GWe establecido en la Declaración para Triplicar la Energía Nuclear en 2050”.
Añade que “la mayor parte del crecimiento hasta 2030 proviene de los reactores actualmente en construcción; los proyectos planificados impulsan la expansión hasta 2035; y los programas propuestos, potenciales e impulsados por el gobierno representan el aumento de la capacidad después de 2035”.
El informe señala que para alcanzar la capacidad proyectada para 2050 es necesario aumentar las conexiones anuales a la red de 14,4 GWe en el período 2026-2030 a 22,3 GWe en el período 2031-2035, 49,2 GWe en el período 2036-2040, 51,6 GWe en el período 2041-2045 y 65,3 GWe en el período 2046-2050. Señala que estos últimos son aproximadamente el doble de la tasa de construcción máxima histórica registrada en la década de 1980.
La WNA concluye que “los objetivos nacionales de potencia instalada nuclear en 2050 superan el objetivo global de triplicar la actual y reflejan una sólida coherencia entre los objetivos conjuntos y las necesidades globales de descarbonización. Alcanzar estas metas requerirá un ritmo de construcción sin precedentes, una extensión estratégica de la vida operativa de los reactores existentes y reformas significativas en materia de políticas, mercados, cadenas de suministro y regulación. Si los países cumplen sus compromisos, la energía nuclear desempeñará un papel fundamental para garantizar una energía segura, asequible y sin emisiones, necesaria para una economía mundial electrificada y en rápida expansión”.
A pesar del momentum positivo, la expansión de la energía nuclear no está exenta de desafíos, según la AEI. La construcción de nuevas plantas enfrenta algunas barreras en términos de costes y percepciones sociales en algunos países. Asimismo, asegurar cadenas de suministro robustas para combustible, componentes y capital humano cualificado será crucial para sostener el crecimiento proyectado.
Además, la integración de tecnologías emergentes como los SMRs demanda marcos regulatorios seguros y específicos, inversiones en innovación continua y experiencias piloto que permitan validar modelos de negocio escalables.
Todos estos informes evidencian un cambio paradigmático en la percepción y el papel de la energía nuclear dentro de la transición energética global. Tras décadas de crecimiento limitado, la energía nuclear emerge de nuevo como un actor indispensable para alcanzar objetivos climáticos, garantizar seguridad energética y ofrecer electricidad fiable y asequible.
Este impulso no sólo refleja un reconocimiento renovado de sus fortalezas técnicas y medioambientales, sino también la respuesta a dinámicas actuales de demanda y a una necesidad urgente de diversificar fuentes de energía en un mundo en constante transformación.
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