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"Invertir en sostenibilidad no es un coste, es una inversión con retorno"
¿Puede la ingeniería química ser una de las palancas más poderosas para la transición sostenible? Cristina Alonso Alija lo tiene claro. Tras más de 25 años en Bayer liderando áreas clave como sostenibilidad, seguridad y derechos humanos, y después de participar en el desarrollo de un medicamento de impacto global, hoy dirige el Centro de Investigación de Referencia UNIJES en Medio Ambiente y Ecología del IQS.
Además, Cristina será uno de los cinco principales ponentes del Congreso Mediterráneo de Ingeniería Química (MeCCE), que se celebrará en el marco de Expoquimia 2026, donde compartirá su visión sobre cómo esta disciplina y la química puede transformar la industria, impulsar modelos sostenibles y formar a los líderes que definirán el futuro.
Elegí estudiar ingeniería química porque mi misión era -y sigue siendo- traducir la ciencia en beneficios reales para la sociedad. Un momento especialmente significativo fue ser parte del descubrimiento y desarrollo de riociguat, un medicamento para tratar la hipertensión arterial pulmonar. Salió de nuestro laboratorio químico en Bayer, soy su co-inventora y, años después, lideré el equipo que lo registró en varios países de Latinoamérica. Ese trabajo fue reconocido con la Medalla Otto Bayer y con la publicación de nuestros resultados en Nature, un hito muy relevante en mi trayectoria como científica.
Disfruté enormemente de mis años en Bayer, pero sentía cada vez con más fuerza la necesidad de devolver a las siguientes generaciones todo lo aprendido. La oportunidad de incorporarme al mundo académico, en un proyecto ambicioso y orientado al impacto, llegó en el momento justo.
De mi experiencia internacional en Alemania, México y Estados Unidos, entre otros países, me quedo con algo esencial: los problemas complejos se resuelven mejor cuando combinamos distintas fortalezas. Colaborar entre culturas nos hace más fuertes.
Aunque parece que la química atraviesa un momento de baja popularidad, es la base de todo lo que nos rodea, tanto vivo como inerte. Hoy, más que nunca, necesitamos ingenieros e ingenieras químicas que diseñen procesos desde su origen con bajas emisiones, uso responsable del agua y menor impacto en materias primas.
Además, necesitamos profesionales que colaboren activamente y tengan el coraje de alzar la voz en los debates públicos y en círculos privados sobre sostenibilidad.
Todos ellos. Porque el círculo no cuadra: La población sigue aumentando, el consumo per cápita también y los recursos naturales son limitados y, aunque algunos no los paguemos, hoy entendemos que no son gratuitos. Para la industria química, el gran desafío es lograr la escalabilidad de procesos respetuosos con el capital natural a costos competitivos que faciliten su adopción. Además, los retos van más allá de la tecnología: requieren cambios sistémicos que consideren tanto lo evidente como lo menos visible. Por ejemplo, el uso de materias primas críticas debe analizarse junto con su impacto sobre las comunidades vulnerables implicadas en su extracción.
La química ya es un motor real de la transición sostenible. Hay que aceptar que las soluciones al final de la cadena de valor suelen ser menos eficaces. Por ello, las tecnologías que reducen emisiones desde el origen —como las energías alternativas— y las que disminuyen el uso de materias primas primarias tienen mayor potencial que las que actúan al final del proceso, como el reciclaje o la captura de carbono. Más allá de esto, la innovación de procesos y la digitalización son claves para una producción más eficiente y sostenible.
Es imprescindible replantear modelos de consumo y producción. Pensar a largo plazo, reflexionar sobre cómo evolucionan las necesidades y debatir qué es realmente necesario.
La industria química tiene una gran oportunidad para influir en los hábitos de consumo ofreciendo soluciones escalables y atractivas para su adopción. Pero debemos ser conscientes de que esto es una carrera de fondo, no un sprint. Y que merece la pena.
Si reflexiono sobre mi propia carrera, poco utilizo ya mi expertise técnico específico. Sin embargo, ser ingeniera me aportó capacidades que me han acompañado siempre: pensamiento analítico, formulación y contraste de hipótesis, y un enfoque sistemático para resolver problemas.
Además, los profesionales de la ingeniería necesitan hacerse oír. Para ello deben desarrollar habilidades comunicativas, valentía para disentir, pensamiento sistémico más allá de la tecnología, y conocimientos básicos de economía y finanzas. Creo firmemente que los modelos educativos deben evolucionar hacia enfoques más holísticos, basados en la resolución colaborativa de problemas e integrando tecnologías como la inteligencia artificial, que ya forman parte del entorno profesional.
La industria química es, por naturaleza, global en sus cadenas de suministro, y eso le otorga una enorme capacidad de impacto, tanto positivo como negativo. Quiero resaltar dos grandes oportunidades de impacto. La primera, a nivel sectorial, mediante plataformas y alianzas que proporcionen conocimiento y herramientas a empresas de todo el mundo, especialmente a las más pequeñas.
La segunda, a nivel individual, a través del diálogo directo con proveedores y clientes para diseñar modelos que respeten los derechos humanos y, al mismo tiempo, cumplan los acuerdos comerciales. Esto implica revisar plazos de entrega, precios justos y condiciones laborales dignas y seguras. Los controles y auditorías son necesarios, pero no suficientes para generar el cambio profundo que muchos deseamos.
La diversidad es clave para innovar por tres razones fundamentales: primero, porque para servir a un mundo de clientes globales necesitamos experiencias diversas; segundo, porque acelerar la innovación exige que todas las personas tengan las mismas oportunidades de innovar; y tercero, porque los equipos diversos llegan a mejores soluciones. Personalmente, me he centrado en eliminar barreras en los procesos de selección, reconocer nuestros propios sesgos y ejercer un liderazgo activo sobre este tema.
Un ejemplo práctico: Si para contratar hoy a un ingeniero o ingeniera químico/a en mi empresa pongo como condición el tener más de diez años de experiencia en producción, y haber trabajado en el extranjero, les aseguro que su mayoría de candidatos serán hombres. Si además el panel de entrevistas son hombres, estaremos dando el mensaje subliminal de que son los hombres los que avanzan en la carrera en mi empresa. Empecemos por repensar los requisitos reales para el puesto, seleccionando a una diversidad de candidatos y buscando un panel de entrevistas también diverso. Y entonces contratemos al mejor. Paso a paso, la empresa irá cambiando.
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 17 habla de alianzas, y no es casualidad. Los problemas complejos no tienen soluciones simples, y la colaboración entre sectores es imprescindible.
La academia, la industria, el sector público, y añadiría la sociedad civil, son actores clave del cambio. Escuchar lo que cada uno aporta y necesita es la base para construir alianzas sólidas, tanto a pequeña como a gran escala. Por poner un ejemplo, la definición de políticas de transición debe incluir el conocimiento de la academia, la perspectiva de la industria y la voz de la sociedad civil. Fácil no es, pero esencial para progresar.
Según el World Economic Forum 2025, cinco de los diez mayores riesgos para la economía mundial en la próxima década son de carácter medioambiental. El cambio climático y la transición verde seguirá siendo una de las grandes megatendencias para la generación de empleo.
Imagino una industria química que integre la sostenibilidad en todas sus operaciones, creando sistemas resilientes, reduciendo riesgos y externalidades ligadas a aspectos medioambientales, y demostrando que invertir en sostenibilidad no es un coste, sino una inversión con retorno.
Han elegido una profesión con una enorme capacidad de generar un impacto real y positivo en la construcción de un futuro sostenible: para satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras. Gracias por estar aquí.
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