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Los resultados de 2025 dejan para la industria química española una lectura que puede resumirse en una palabra: dualidad. Por un lado, el sector ha vuelto a demostrar resiliencia y solidez en un contexto internacional especialmente complejo.
Con una aportación del 12 % al PIB industrial y de casi el 7 % al empleo del sector privado, cerró el ejercicio con una cifra de negocios de 85.417 millones de euros, prácticamente en línea con la del año anterior, y se consolidó como primer exportador de la economía española, con 62.926 millones de euros en ventas exteriores.
Pero, al mismo tiempo, esa estabilidad convive con una realidad mucho más frágil en la base del sector: la Química Básica, que sigue sufriendo el impacto directo de unos costes energéticos que no nos permiten competir en igualdad de condiciones en los mercados internacionales.
Y ese es, precisamente, el verdadero punto de preocupación. Porque la química básica representa, aproximadamente, un tercio de la producción y se sitúa en el origen de prácticamente todas las cadenas de valor industriales.