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Las presiones de costes siguen siendo una realidad constante en las plantas químicas europeas, solo superadas por la prioridad innegociable de la seguridad.
Sin embargo, seguridad y eficiencia de costes no son conceptos opuestos; en muchos casos, mejorar la seguridad permite obtener ahorros operativos significativos. Las válvulas de seguridad —a pesar de su papel pasivo y de que a menudo pasan desapercibidas— son un claro ejemplo.
Cuando se seleccionan y mantienen correctamente, garantizan una protección fiable contra sobrepresiones y, al mismo tiempo, reducen emisiones, intervenciones de mantenimiento y paradas no planificadas.
Aunque la mayoría de las válvulas de seguridad industriales (habitualmente < DN100 y < 40 bar) actúan muy raramente, representan la mayor parte de las válvulas instaladas en plantas europeas.
Se utilizan comúnmente en servicios auxiliares y unidades de proceso, y con frecuencia emplean diseños de
semi-tobera con orificios de gran dimensión. Su aparente poca relevancia hace que se las ignore con facilidad, pero precisamente esta característica crea una oportunidad atractiva: pequeñas mejoras aplicadas a muchas válvulas “pequeñas” pueden generar beneficios sustanciales a nivel de planta.