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Europa ha acelerado su apuesta por la inteligencia artificial, la capacidad computacional y las infraestructuras digitales. En muy poco tiempo, los nuevos modelos de inteligencia artificial han dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en un factor estratégico de competitividad, soberanía Industrial y transformación económica.
España ocupa una posición cada vez más relevante dentro de este nuevo mapa digital. Su conectividad internacional, el desarrollo de energías renovables, su posición geográfica y el crecimiento del sector de centros de datos la sitúan como uno de los territorios europeos con mayor capacidad de atracción para este tipo de infraestructuras.
Según Spain DC, el sector podría movilizar hasta 58.000 millones de euros en inversiones en España hasta 2030, considerando el impacto directo, indirecto e inducido.
Este crecimiento ha situado en el centro del debate cuestiones como el consumo energético, la eficiencia, la disponibilidad de red eléctrica o la gestión de recursos hídricos. Y es lógico que así sea. La Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo eléctrico de los centros de datos a escala global se duplique hasta 2030, impulsado en buena parte por la expansión de la inteligencia artificial.