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La gestión del agua se ha convertido en un factor crítico para la industria química ante el estrés hídrico y el endurecimiento regulatorio en México. Este artículo analiza el caso de Covestro México, donde el tratamiento avanzado, el reúso y la gobernanza hídrica fortalecen la continuidad operativa y la resiliencia ambiental.
La gestión del agua ha dejado de ser una cuestión periférica para la industria química y se ha convertido en una variable operativa crítica, tanto por la presión regulatoria como por la exposición creciente a fenómenos de sequía y estrés hídrico.
En México, esta realidad se ha manifestado con especial intensidad. De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), el periodo continuo de sequía que afectó al país desde finales del 2023 alcanzó un máximo el 31 de mayo de 2024, cuando alrededor del 76 % del territorio presentó sequía de moderada a excepcional (D1–D4).
En el desglose técnico difundido en los materiales del Monitor de Sequía, para esa fecha se cuantificó el 75,96 % de cobertura nacional en D1–D4, con un 13,70 % en sequía excepcional (D4) y un 34,77 % en categorías extremas (D3–D4), lo que da una idea de la magnitud y severidad del episodio [1].