Empresas Premium
Hay una idea muy extendida y sin embargo equivocada sobre el material eléctrico certificado para atmósferas explosivas. Se suele dar por hecho que un equipo Ex d impide que se produzca una ignición en su interior. No es así. Lo que hace es admitir que la explosión ocurra dentro y garantizar que no salga de allí.
El funcionamiento es tan sencillo como ingenioso. La carcasa resiste la sobrepresión interna y los gases calientes solo pueden escapar por juntas de ajuste calibrado, holguras de décimas de milímetro y varios centímetros de recorrido.
Al atravesar ese paso estrecho, los gases se enfrían lo suficiente para no inflamar la mezcla que hay fuera. La llama se apaga por sí sola en el camino. De ahí que esa clase de protección se denomine antideflagrante y no antiexplosiva.
Esto tiene una consecuencia práctica que en las plantas de proceso se olvida con frecuencia. La seguridad reside en una geometría mecánica, no en un sello pegado en la tapa. Basta con que un técnico apriete menos de la cuenta, sustituya un tornillo por otro de calidad inferior o deje una rebaba en la superficie de la junta para que la certificación deje de significar nada. Un equipo que sigue luciendo su marcado puede haber perdido su protección real en una intervención de quince minutos.
La clasificación de zonas por parte del titular de la instalación, exigida por el Real Decreto 681/2003, es solo el punto de partida. Después vienen las decisiones que condicionan la vida útil del conjunto, desde la elección entre seguridad aumentada, seguridad intrínseca o envolvente antideflagrante hasta el trazado de prensaestopas y canalizaciones.
Por eso en el sector químico las instalaciones eléctricas industriales no se proyectan solo con criterios de potencia, sino de compatibilidad con la sustancia que se maneja y con el nivel de protección que marca cada zona.
El mantenimiento posterior es donde el modelo suele hacer agua. Las inspecciones de equipos Ex exigen registro documental, personal formado y trazabilidad de cada apertura de carcasa, algo que choca con la lógica del aviso urgente y la reparación rápida.
Compañías de ingeniería como SZ Industrial plantean estas revisiones como tareas planificadas dentro del sistema de gestión del mantenimiento, con fichas por equipo y evidencia de cada actuación.
El valle químico aragonés ha ido incorporando esa cultura, y el mantenimiento industrial en Zaragoza y su entorno refleja hoy una exigencia documental impensable hace dos décadas. Al final, en una atmósfera explosiva el papel también forma parte de la barrera de protección.
|