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El hidrógeno puede ventearse o quemarse de forma controlada en antorcha. El venteo libera hidrógeno que genera una nube inflamable susceptible de ignición retardada.
La combustión en antorcha transforma este peligro incierto en una llama localizada y evaluable, aunque introduce radiación térmica y emisiones de NO2. La decisión depende del escenario.
Las instalaciones de producción, almacenamiento, transporte y consumo de hidrógeno deben disponer de una vía segura de descarga de gas durante arranques y paradas, purgas de compresores, actuación de válvulas de seguridad, rechazo de producto, mantenimiento o emergencias. Antes de escoger un venteo o una antorcha, conviene reducir en lo posible la masa que habrá de descargarse.
Como criterio general, se recomienda evitar la despresurización cuando sea posible, ecualizando el gas con otro equipo o tramo de menor presión, recuperándolo mediante recompresión, o reutilizándolo como combustible o materia prima y tratar únicamente el volumen residual. Con ello se reducen el riesgo, la pérdida de producto y el impacto ambiental...