18 de febrero, 2021 Empresas comentarios Bookmark and Share
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Repsol obtuvo en el ejercicio 2020 un resultado neto ajustado de 600 millones de euros. Esta variable mide específicamente el desempeño de los negocios de la compañía, que tuvieron un resultado positivo en un complicado entorno marcado por la crisis sanitaria global. Este buen comportamiento se reflejó también en un flujo de caja de las operaciones positivo para todos los negocios, y que para el conjunto del grupo alcanzó los 3.197 millones de euros.

 

 

El descenso de la cotización de las materias primas de referencia internacional influyó negativamente en la valoración de los inventarios de Repsol, en -978 millones de euros para el conjunto de 2020. Además, ante el entorno mundial y en un ejercicio de prudencia financiera, la compañía revisó sus hipótesis de precios futuros del crudo y del gas, lo que supuso un ajuste a la baja del valor de activos de Exploración y Producción, con unos resultados específicos de -2.911 millones. Con todo ello, el resultado neto de 2020 fue de -3.289 millones de euros.

Repsol demostró su fortaleza ante este difícil escenario, con una positiva generación de caja libre de 1.979 millones de euros y una reducción de la deuda neta de 1.178 millones durante el ejercicio, hasta situarla en 3.042 millones, aseguran en el comunicado remitido al respecto.

Repsol también logró reducir su deuda neta un 28% durante el ejercicio, en 1.178 millones de euros, hasta situarla en 3.042 millones. La liquidez se situó en 9.195 millones de euros a 31 de diciembre, lo que cubre en 3,23 veces los vencimientos a corto plazo.

El éxito de las medidas implantadas, unido al inicio de la recuperación de la demanda y de los precios de los productos, se hizo más evidente en el cuarto trimestre del ejercicio, en el que el resultado neto ajustado se situó en 404 millones de euros, similar al del mismo periodo de 2019, añaden desde Repsol.

Plan estratégico

Ante esta situación, la compañía presentó el 26 de noviembre su nuevo Plan Estratégico 2021-2025, que marcará su transformación en los próximos años y le permitirá acelerar en la transición energética de manera rentable y maximizando el valor para sus accionistas. Gracias a este plan, Repsol avanzará en su objetivo de ser cero emisiones netas en 2050. En la mismas destaca la apuesta de la compañía por la digitalización, con una aportación del Programa Digital de 334 millones de euros. prevé que el impacto positivo de los proyectos de digitalización supere ya en 2022 los 800 millones de euros anuales respecto al inicio del Programa de Digitalización, en 2018.

Los proyectos puestos en marcha por Repsol en 2020 demuestran la importancia de la neutralidad tecnológica a la hora de buscar soluciones para la descarbonización. De esta forma, a mediados de junio la compañía presentó dos importantes proyectos de descarbonización que desarrollará en su refinería de Petronor, en Bilbao. El primero de ellos es una de las mayores plantas del mundo de producción de combustibles sintéticos cero emisiones netas a partir de hidrógeno renovable y el segundo, una planta de generación de gas a partir de residuos urbanos.

El hidrógeno renovable es un claro vector de crecimiento para Repsol, que pretende liderar su producción en la península ibérica con el equivalente a 400 MW en 2025, y la ambición de superar 1,2 GW en 2030. A finales de enero de 2021, Repsol presentó el proyecto H24All para desarrollar la primera planta de electrolizadores alcalinos de 100 MW de Europa, que se conectará a la refinería de Petronor.

Repsol también se ha marcado objetivos ambiciosos para el segmento de biocombustibles, donde su meta es contar con una capacidad de producción de 1,3 millones de toneladas en 2025 y más de dos millones en 2030. El pasado 22 de octubre la compañía dio un paso relevante en esa línea, con el anuncio de la construcción en su refinería de Cartagena de la primera planta de biocombustibles avanzados de España. Esta nueva instalación, en la que se invertirán 188 millones de euros, suministrará 250.000 toneladas al año de biocombustibles avanzados para aviones, camiones y coches, que permitirán una reducción de 900.000 toneladas de CO2 anuales.

Para Josu Jon Imaz, Consejero Delegado de Repsol, “en 2020 hemos afrontado un escenario sin precedentes y puesto las bases del futuro de la compañía. Hemos demostrado de nuevo la solidez de nuestro proyecto, desempeñado un papel de servicio público esencial y ratificado una vez más que somos una empresa útil para la sociedad (…) La industria ha demostrado que forma parte de la columna vertebral de la economía española y es uno de sus principales motores. Como tal, su papel en la recuperación de la crisis es fundamental, como también lo es para contribuir a un mundo más descarbonizado, usando todas las tecnologías disponibles”.

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