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A medida que Europa avanza hacia la neutralidad climática, la captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) se consolida como una de las palancas necesarias para descarbonizar sectores donde la electrificación no es suficiente.
En este contexto, el CO₂ biogénico —procedente de biomasa sostenible y de la fracción orgánica de los residuo — comienza a perfilarse como un nuevo nicho de mercado con un creciente atractivo para la inversión dentro del ecosistema energético y cleantech europeo, según apuntan desde Innoenergy, el mayor inversor global en energía limpia, y la consultora PwC, quienes organizaron un encuentro el pasado jueves en Madrid para informar sobre las oportunidades que ofrece este nuevo nicho de mercado.
Los escenarios climáticos del IPCC y la Estrategia Europea de Gestión del Carbono Industrial coinciden en que la CCUS será fundamental para gestionar un volumen relevante de emisiones residuales en las próximas décadas. De cara a 2050, la Comisión Europea prevé la captura de hasta 450 millones de toneladas de CO₂ anuales, con más de la mitad procedente de fuentes biogénicas o atmosféricas.
A diferencia del CO₂ de origen fósil, el CO₂ biogénico ya se considera climáticamente neutro. Su captura y almacenamiento permanente permite generar emisiones negativas, mientras que su utilización como materia prima es clave para el desarrollo de combustibles sintéticos y e-fuels destinados a sectores como la aviación, el transporte marítimo o la industria pesada.
Esto sitúa a la captura de carbono biogénica en una posición singular:
• combina reducción de emisiones y creación de valor industrial,
• habilita nuevos modelos de negocio energéticos,
• responde a una demanda regulatoria creciente ligada a los objetivos europeos de descarbonización.
Según el análisis de InnoEnergy, la captura de carbono, su utilización y almacenamiento aplicada a fuentes biogénicas representa una de las vías más eficientes desde el punto de vista energético y económico para escalar soluciones de carbono en la próxima década.
Aunque tecnologías como la captura directa del aire (DAC) podrían adquirir relevancia a largo plazo, actualmente siguen siendo intensivas en energía y con elevados costes de despliegue. En los próximos diez años, más del 90 % de los volúmenes de CCUS financiables en Europa procederán previsiblemente de la captura en fuentes puntuales, especialmente en instalaciones industriales vinculadas a biomasa, residuos, biorefinerías o producción energética.
Este enfoque ofrece una mayor madurez tecnológica, visibilidad de costes y bancabilidad, factores clave para atraer inversión privada y acelerar el desarrollo de proyectos a escala industrial.
Pese a su potencial, el desarrollo de este nuevo nicho sigue condicionado por retos regulatorios: fragmentación en los permisos, falta de claridad sobre la responsabilidad a largo plazo y definiciones dispares sobre qué se considera almacenamiento permanente. Estas incertidumbres afectan directamente a la confianza inversora y a la velocidad de despliegue de proyectos.
Al mismo tiempo, la creciente demanda de combustibles sostenibles para la aviación (eSAF) y de soluciones de descarbonización industrial está empezando a generar señales de mercado claras para el CO₂ biogénico como materia prima estratégica.
Otro vector emergente es la integración de la captura de carbono en el sector de la construcción. Materiales como el cemento, el hormigón o los aglutinantes alternativos ofrecen una capacidad significativa de almacenamiento permanente de CO₂, transformando esta tecnología de un coste industrial en una oportunidad de economía circular y ampliando su atractivo para la inversión.
Para InnoEnergy, el CO₂ biogénico se está configurando como un nuevo espacio de oportunidad en el que confluyen política climática, innovación tecnológica e interés inversor. Su desarrollo dependerá de una arquitectura regulatoria coherente, de la coordinación entre industria y finanzas y de la capacidad de escalar proyectos viables en el corto y medio plazo.
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