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Tras un 2025 marcado por la disrupción constante, tensiones geopolíticas, cambios en los flujos comerciales, escasez de talento y una presión creciente por cumplir objetivos de sostenibilidad, la industria fabricante se enfrentan ahora a un punto de inflexión decisivo. La cuestión ya no es si adoptar la IA, sino cómo hacerlo de forma eficaz, integrada y con impacto real en el negocio.
Así lo señala IFS, referente global en inteligencia artificial industrial y software empresarial para activos y servicios críticos, en su informe “Tendencias y predicciones para la industria de fabricación en 2026”, que anticipa un cambio profundo en la forma en que las organizaciones industriales estructuran su trabajo, toman decisiones y generan valor.
“El próximo año estará definido por la “acción disciplinada”: menos pilotos aislados y más implantaciones conectadas a los modelos operativos reales de las empresas” señala Maggie Slowik, Directora global de industria para el sector de fabricación.
Una de las transformaciones clave será organizativa. Aunque la IA permite conectar en tiempo real planificación, producción, cadena de suministro y fuerza laboral, muchas empresas siguen operando con estructuras pensadas para un modelo jerárquico y secuencial. En 2026, los fabricantes más avanzados empezarán a rediseñar sus organizaciones para eliminar fricciones internas y permitir que la inteligencia fluya entre funciones, convirtiendo el valor en una capacidad transversal que acelera la toma de decisiones y los resultados.
Este cambio estructural vendrá acompañado de una nueva forma de gestionar las cadenas de suministro. La inteligencia predictiva dejará de apoyarse en análisis puntuales para integrarse como una capacidad interna continua, permitiendo a los fabricantes simular escenarios, anticipar disrupciones y tomar decisiones antes de que los problemas afecten a la producción.
La sostenibilidad también dará un paso decisivo. Más allá del cumplimiento normativo, la eficiencia operativa convertirá el control ambiental en un requisito básico del negocio.
“Gracias a la IA, los fabricantes podrán monitorizar en tiempo real el consumo energético, las emisiones y los residuos, integrando la sostenibilidad en los mismos ciclos de planificación y optimización que el resto de la operación” explica Andrew Burton, Director de industria de IFS para el sector de fabricación.
En paralelo, la productividad industrial recibirá un nuevo impulso gracias a la colaboración entre personas, inteligencia artificial y robótica avanzada. Ante la escasez estructural de talento, los robots humanoides y móviles dejarán de ser una promesa para convertirse en aliados clave en planta, ampliando la capacidad de los equipos y asumiendo tareas que hoy limitan el rendimiento. Las fábricas que integren esta colaboración de forma segura y planificada marcarán un nuevo estándar de eficiencia.
“El gran reto para los fabricantes no es la tecnología, que ya está probada, sino la capacidad de evolucionar sus modelos operativos al mismo ritmo”, señala Gonzalo Valle, director de preventa de IFS Iberia. “La productividad industrial se ha desacelerado de forma alarmante: según la OCDE, las ganancias anuales han pasado del 2-3 % a principios de los 2000 a menos del 1 % en la actualidad. Tras años de inversión en transformación digital, muchos fabricantes se preguntan por qué la producción no ha seguido ese mismo ritmo”, añade.
Con todo ello, de cara a 2026, el liderazgo industrial no estará marcado por la espera de condiciones perfectas, sino por la capacidad de avanzar en entornos complejos, aprender sobre la marcha y escalar lo que funciona. La próxima era de la fabricación no premiará la indecisión, sino a quienes sepan convertir la inteligencia artificial en una ventaja competitiva real, integrada y sostenible en el tiempo.
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