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Un conjunto de científicos prueban refuerzos plásticos con geometrías onduladas que igualan la ductilidad del acero y duplican la carga máxima en hormigón.
Durante décadas, el acero ha sido el “músculo” invisible del hormigón. Sin él, la mayoría de edificios, puentes o infraestructuras modernas simplemente no existirían. Pero este nuevo enfoque cambia la pregunta: no se trata solo del material… también de la forma en la que trabaja dentro del hormigón.
El equipo de la Universidad de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos) ha puesto el foco en algo que rara vez se cuestiona: la geometría de los refuerzos. Las barras cilíndricas llevan más de un siglo dominando la construcción, casi por inercia. Funcionan bien, sí. Pero no necesariamente son la mejor solución.
Mediante impresión 3D, los investigadores crearon refuerzos de ácido poliláctico (PLA) con diseños poco convencionales: placas planas, estructuras onduladas, patrones triangulares y superficies dentadas. No era un simple experimento estético. Cada forma estaba pensada para mejorar la transferencia de tensiones entre el hormigón y el refuerzo.
El resultado sorprende. Las placas de PLA no solo mejoraron la capacidad de carga, también aumentaron la tenacidad estructural, es decir, la capacidad de absorber energía antes de fallar. En algunos ensayos, llegaron a absorber hasta cinco veces más energía que las barras tradicionales del mismo material. Eso ya apunta a algo importante: el fallo estructural podría ser más progresivo, menos abrupto. Más seguro.
Cabe recordar que el PLA no es nuevo. Se utiliza en envases, impresión 3D doméstica, incluso en aplicaciones médicas. Pero verlo competir con el acero en construcción… eso cambia el contexto.
Las pruebas mostraron que ciertas configuraciones —especialmente las placas triangulares onduladas— alcanzaron hasta un 80 % de la resistencia a flexión de vigas reforzadas con acero. Y en términos de ductilidad, el comportamiento fue comparable.
No es un reemplazo directo. Aún no. Pero empieza a dibujarse un escenario donde el acero no sea la única opción viable, sobre todo en aplicaciones específicas: elementos prefabricados, estructuras temporales, construcción modular o zonas con alta exposición a corrosión.
Porque ahí el PLA juega fuerte. Es resistente a la corrosión, mucho más ligero y potencialmente más fácil de manipular en obra. Menos peso implica menos transporte, menos maquinaria pesada, menos consumo energético en toda la cadena.
En un contexto donde el sector de la construcción representa cerca del 40 % de las emisiones globales relacionadas con la energía (incluyendo materiales y operación de edificios), cualquier mejora en los materiales tiene un impacto directo. Aquí es donde alternativas como el PLA abren una vía interesante.
Además, el acero se degrada con el tiempo por corrosión, especialmente en ambientes marinos o húmedos. Esto obliga a sobredimensionar estructuras o a realizar mantenimientos costosos. En cambio, materiales poliméricos como el PLA eliminan ese problema de raíz.
Otro punto clave: la impresión 3D. No solo permite fabricar estas geometrías complejas, también abre la puerta a una construcción más eficiente. En lugar de producir millones de barras estándar, se podrían diseñar refuerzos adaptados a cada pieza estructural concreta.
Esto conecta con tendencias actuales en construcción como la industrialización, la prefabricación avanzada o la construcción digital, donde se busca reducir residuos, optimizar materiales y mejorar la precisión.
Referencia: Scientists say eco-friendly plastic plates can replace steel bars in concrete
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