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El sector químico es uno de los más afectados por el cierre del estrecho de Ormuz. La nafta y la urea, materias clave para fabricar plásticos y productos cotidianos, así como para producir fertilizantes para alimentos, han registrado fuertes subidas de precio. La asociación reclama medidas estructurales urgentes para proteger la competitividad del sector.
La Asociación Química y Medioambiental del Sector Químico de la Comunidad Valenciana (QUIMACOVA) advierte que, como consecuencia de la guerra en Irán, los precios del sector químico experimentarán un aumento en los próximos meses.
El sector químico es uno de los más damnificados por el cierre del estrecho de Ormuz, ya que el conflicto está afectando directamente al suministro de materias primas químicas clave. Productos como la nafta y la urea han registrado incrementos de precio del 67 % y el 48 %, respectivamente, según la Federación Empresarial de la Industria Química Española (FEIQUE).
En palabras de Amaya Fernández, presidenta de QUIMACOVA: “La nafta es esencial para fabricar plásticos y numerosos productos de uso diario, desde envases hasta textiles o artículos de higiene, mientras que la urea es clave para la producción de fertilizantes que permiten el cultivo de alimentos y también para sistemas que reducen las emisiones de los vehículos”.
Por ello, ha añadido que “el aumento de sus precios no solo afecta a la industria, sino que acaba trasladándose al consumidor final en forma de productos más caros, desde la cesta de la compra hasta bienes básicos, lo que evidencia cómo los conflictos internacionales repercuten de forma directa en la economía doméstica”.
A ello se suma el encarecimiento de los fletes, con sobrecostes de entre 3.000 y 4.000 dólares por contenedor, así como el aumento de las primas de seguros en función de las rutas, tal y como ha indicado FEIQUE.
El principal impacto se concentra en el encarecimiento de los costes energéticos, especialmente del gas natural y la electricidad, lo que se ha traducido en un sobrecoste energético estimado de 6 millones de euros para la industria química valenciana de febrero a marzo.
Sin embargo, el impacto final dependerá del grado de cobertura energética de las empresas, de su capacidad para trasladar estos costes a la cadena de valor y de la respuesta de la demanda, según FEIQUE. Para afrontar esta situación, “QUIMACOVA se alinea con las propuestas planteadas por la Federación Empresarial de la Industria Química Española”, ha explicado Fernández.
Entre ellas, se incluye la derogación del impuesto de Valor de Producción de Energía Eléctrica, la ampliación a toda la industria de la reducción del Impuesto Especial sobre la Electricidad, la consolidación de una reducción permanente del 80 % de los peajes de acceso para empresas electrointensivas, la solución del alto impacto de los Servicios de Ajuste en los precios eléctricos y el incremento de las compensaciones por las emisiones indirectas de CO2 hasta los 1.000 millones de euros.
En 2025, FEIQUE ha indicado que las exportaciones del sector químico alcanzaron los 62.926 millones de euros, con un crecimiento del 6,4 %, lo que le situó como primer sector exportador de la industria española, al concentrar el 18 % de las mercancías vendidas en mercados exteriores, por delante de la automoción (16,1 %) y la industria alimentaria (15,2 %).
Respecto al primer trimestre de 2026, QUIMACOVA ha explicado que ha habido una “contracción productiva” en subsectores clave, con caídas interanuales de la producción de entre el 2 % y el 4 %, así como una “caída de precios industriales”, que está reduciendo márgenes en un escenario de costes energéticos elevados.
Asimismo, la asociación ha hecho hincapié en la creciente volatilidad en el comercio exterior y un entorno internacional adverso, marcado por la desviación de productos químicos hacia la Unión Europea. Esta presión se concentra especialmente en segmentos como la química orgánica, fertilizantes, pigmentos, plásticos y gases fluorados, con China como principal origen de riesgo.
Actualmente, la asociación subraya que el encarecimiento energético, la hiperregulación y las tensiones geopolíticas están siendo los principales desafíos para el sector. Finalmente, desde QUIMACOVA han concluido que la evolución del conflicto será determinante para la estabilidad y competitividad de la industria química en los próximos meses.
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