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China ha dado un paso significativo en el desarrollo de su infraestructura energética con la puesta en marcha de su primer proyecto de almacenamiento de hidrógeno en cavernas salinas a escala del millón de metros cúbicos.
Ubicado en Pingdingshan, en la provincia de Henan, este proyecto marca algo más que un hito técnico: representa el intento real de llevar el hidrógeno desde el laboratorio hasta el sistema energético del día a día.
Las cavernas salinas no son una tecnología nueva en sí. Desde hace décadas se utilizan para almacenar gas natural o petróleo. La diferencia está en el uso: el hidrógeno es una molécula mucho más pequeña y escurridiza, lo que complica su confinamiento.
Aquí entra en juego una propiedad clave de la sal: su impermeabilidad natural y su capacidad para deformarse sin romperse, lo que garantiza un sellado eficaz incluso a altas presiones. En este proyecto, el hidrógeno se inyecta a unos 15 MPa (equivalente a 150 bares), a un ritmo constante de aproximadamente 2.000 metros cúbicos estándar por hora.
Antes de almacenar el gas, se crea la cavidad mediante disolución controlada de la sal con agua, generando espacios subterráneos que pueden superar los 30.000 metros cúbicos de volumen. A partir de ahí, el sistema funciona como una especie de “batería geológica”. Simple, robusta… y sorprendentemente eficiente.
El almacenamiento subterráneo de hidrógeno en cavernas salinas apunta directamente a uno de los mayores retos de la transición energética: la intermitencia de las energías renovables.
Cuando hay exceso de producción solar o eólica, el hidrógeno permite almacenar esa energía en forma química. Y cuando la demanda aumenta —por ejemplo, en invierno o durante picos industriales— ese hidrógeno puede recuperarse y utilizarse.
Lo interesante aquí es la escala. Este proyecto busca alcanzar una capacidad de almacenamiento de hasta 1,5 millones de metros cúbicos estándar de hidrógeno, lo que empieza a acercarse a niveles útiles para redes energéticas regionales. Ya no hablamos de pruebas pequeñas, hablamos de infraestructura.
Además, China está integrando este almacenamiento con usos concretos:
mezcla con gas natural, transporte pesado impulsado por hidrógeno y calderas industriales adaptadas. Es decir, aplicaciones donde electrificar directamente resulta complicado o poco eficiente.
Por todo ello, el proyecto se apoya en recursos de roca salina de alta calidad y en la experiencia acumulada de la industria petroquímica china. Empresas como CNPC o Sinopec han participado en el diseño y construcción, trasladando conocimientos del sector fósil hacia nuevas aplicaciones energéticas.
En cuanto al futuro potencial: A corto plazo, puede ayudar a estabilizar redes eléctricas con alta penetración renovable. A medio, podría convertirse en una herramienta clave para reducir emisiones en sectores industriales intensivos en energía.
Fuente: https://english.news.cn/20260427/cf68f54cd9a849f5aa69236d9f210c49/c.html
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