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Un grupo de científicos químicos de la Universidad de Iowa (EE.UU) han desarrollado un material que es capaz de absorber y almacenar agua del aire mediante cavidades activadas por luz solar.
La investigación, publicada en Journal of the American Chemical Society, describe un material cristalino tridimensional que cambia su estructura al recibir luz ultravioleta. Ese cambio crea pequeños huecos internos donde las moléculas de agua quedan atrapadas y almacenadas. Una especie de “esponja molecular” activada por el sol.
El avance todavía se encuentra en fase experimental, aunque introduce una idea muy potente: aprovechar la humedad atmosférica de forma pasiva y controlada usando química inteligente.
El material pertenece a la familia de los llamados MOF (Metal-Organic Frameworks), unas estructuras híbridas formadas por átomos metálicos y moléculas orgánicas. Desde hace años, los MOF están revolucionando áreas como el almacenamiento de gases, la filtración química o la captura de CO₂. De hecho, las investigaciones relacionadas con estos materiales fueron reconocidas con el Premio Nobel de Química de 2025.
En este caso, el equipo de Iowa creó una red cristalina formada por átomos metálicos y conectores orgánicos flexibles. Al principio, la estructura no mostraba cavidades útiles para almacenar agua. Pero todo cambió cuando aplicaron luz ultravioleta.
La radiación provocó una reorganización interna de las moléculas. Los enlaces se desplazaron y aparecieron cavidades microscópicas capaces de retener moléculas de agua. Según los investigadores, cada cavidad puede almacenar dos moléculas de agua, alcanzando aproximadamente un 5 % de la masa total del material cuando está cargado.
La idea de extraer agua del aire no es nueva. Existen tecnologías comerciales capaces de hacerlo mediante condensación, similares al funcionamiento de un aire acondicionado. El problema es que suelen requerir mucha electricidad y funcionan peor en ambientes secos.
Por eso la comunidad científica lleva años explorando soluciones más eficientes basadas en materiales avanzados. Algunos MOF ya habían demostrado capacidad para captar humedad nocturna en desiertos utilizando cambios de temperatura. Empresas y laboratorios en Estados Unidos, China, Arabia Saudí o Israel trabajan en dispositivos compactos para generar agua potable en lugares sin infraestructura hidráulica.
La diferencia aquí es el concepto de captura “inteligente”. El agua no entra continuamente en el material: la luz activa el proceso justo cuando interesa. Eso abre la puerta a sistemas más controlables y eficientes.
Por otro lado, uno de los desafíos más importantes es la escalabilidad. Las pruebas actuales se realizaron sobre estructuras milimétricas, muy pequeñas. Para que esta tecnología pueda abastecer a personas o cultivos habría que fabricar enormes cantidades de material manteniendo estabilidad, rendimiento y costes razonables.
También existe otro problema relevante: el uso de cadmio en el prototipo inicial. El cadmio es tóxico y plantea limitaciones ambientales y sanitarias evidentes. Por ello, los investigadores ya trabajan en alternativas menos peligrosas, algo imprescindible antes de cualquier aplicación comercial.
Lo interesante de esta investigación es que, en cierto modo, imita mecanismos presentes en la naturaleza. Muchas plantas del desierto, líquenes y microorganismos sobreviven capturando pequeñas cantidades de humedad ambiental mediante superficies microscópicas especializadas.
La ciencia de materiales lleva tiempo intentando replicar esas estrategias biológicas. Superficies inspiradas en escarabajos del Namib, redes de niebla biomiméticas o recubrimientos ultrahidrofílicos ya se están utilizando en proyectos piloto de captación de agua.
Este nuevo cristal añade otra capa de sofisticación: la capacidad de modificar su estructura interna cuando recibe luz.
Si la investigación logra superar las barreras actuales, esta tecnología podría convertirse en una herramienta útil para reducir la vulnerabilidad hídrica en regiones secas o con infraestructuras limitadas.
Su verdadero potencial aparece en aplicaciones descentralizadas y de bajo consumo energético. Pequeños sistemas autónomos capaces de captar agua atmosférica podrían ayudar a estabilizar el suministro en comunidades rurales, instalaciones agrícolas o zonas afectadas por emergencias climáticas.
También encaja con una tendencia cada vez más visible: desarrollar tecnologías que trabajen con los recursos naturales disponibles localmente, aprovechando la energía solar y la humedad ambiental sin necesidad de grandes infraestructuras.
A medio plazo, materiales fotoactivos como este podrían integrarse en fachadas, cubiertas urbanas o dispositivos móviles de captación de agua. Incluso podrían combinarse con energía fotovoltaica y almacenamiento inteligente para crear sistemas autosuficientes.
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