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La industria química europea, uno de los pilares históricos de la economía comunitaria, ha conseguido situar sus problemas en el centro de la agenda de Bruselas (Bélgica).
La Comisión Europea ha presentado un ambicioso plan de acción para reforzar la competitividad del sector y evitar una pérdida de capacidad productiva que amenaza con debilitar cadenas de suministro estratégicas para la automoción, la energía, la defensa, la alimentación o la salud.
La iniciativa llega en un momento especialmente delicado. El sector lleva años lidiando con unos costes energéticos muy superiores a los de otras regiones, una demanda debilitada y una creciente presión competitiva de países como China, Estados Unidos o las economías del Golfo. A ello se suma el envejecimiento de parte de las infraestructuras industriales europeas y la necesidad de acometer costosas inversiones para avanzar en la descarbonización.
La química es considerada por Bruselas como la “industria de las industrias”, ya que sus productos están presentes en más del 96% de los bienes manufacturados. El sector cuenta con unas 29.000 empresas, genera alrededor de 1,2 millones de empleos directos y sostiene millones de puestos de trabajo adicionales a lo largo de toda la cadena de valor europea.
Sin embargo, los indicadores reflejan una situación preocupante. Europa ha perdido alrededor del 15% de su capacidad de producción de etileno y cerca del 9% de su capacidad de amoníaco respecto a los niveles de 2021. Además, no se ha construido ningún nuevo cracker de vapor en el continente durante las últimas tres décadas, mientras que las instalaciones europeas presentan una edad media significativamente superior a la de sus competidores internacionales.
La preocupación no es solo industrial. Según diversos análisis sectoriales, las inversiones en química europea se han desplomado en los últimos años mientras aumentan los cierres de plantas y la pérdida de empleo. El riesgo, advierten empresas y asociaciones, es que Europa termine dependiendo cada vez más de importaciones para productos considerados estratégicos.
Ante este escenario, la Comisión Europea plantea una batería de medidas orientadas a garantizar la supervivencia y modernización del sector. Entre ellas figura la creación de una Alianza de Sustancias Químicas Críticas para evitar cierres de instalaciones consideradas esenciales, así como el impulso de mecanismos de defensa comercial frente a prácticas de competencia desleal procedentes de terceros países.
El plan también contempla actuaciones para reducir la factura energética de las empresas, acelerar la descarbonización de los procesos industriales y fomentar la demanda de productos químicos sostenibles mediante incentivos y nuevos mercados para soluciones bajas en carbono.
Otro de los pilares de la estrategia pasa por simplificar el marco regulatorio. Bruselas calcula que la reducción de cargas administrativas y la simplificación de determinadas normativas podrían generar ahorros de cientos de millones de euros al año para las compañías del sector.
La hoja de ruta europea busca además acelerar la modernización tecnológica de instalaciones clave, especialmente aquellas vinculadas a la producción de productos químicos básicos, considerados fundamentales para mantener la autonomía industrial del continente. Las autoridades comunitarias quieren evitar que la transición energética se traduzca en una deslocalización masiva de la producción hacia regiones con menores costes.
Para muchas compañías, el éxito del plan dependerá de la rapidez con la que se traduzca en medidas concretas. El sector lleva tiempo reclamando actuaciones urgentes para recuperar competitividad frente a economías que cuentan con energía más barata, menores costes regulatorios y fuertes programas de apoyo público a la industria.
Con este movimiento, Bruselas reconoce que la industria química se ha convertido en un asunto estratégico para el futuro económico de Europa. La cuestión ahora es si las medidas llegarán a tiempo para frenar la pérdida de capacidad industrial y devolver al continente un papel protagonista en un mercado global cada vez más competitivo.
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