31 de agosto, 2026 XML
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Un nuevo análisis de Boston Consulting Group advierte de que el deterioro del sector ya no responde a un ciclo coyuntural: más de 100 plantas han anunciado su cierre o venta en Europa en los últimos tres años, mientras los elevados costes energéticos, la presión regulatoria y la competencia asiática amenazan con acelerar la pérdida de capacidad industrial.

La industria química europea se encuentra ante un punto de inflexión decisivo. El deterioro acumulado durante los últimos años ya no puede interpretarse únicamente como una fase descendente del ciclo económico, sino como una transformación estructural de las condiciones de competitividad del sector.

Esta es una de las principales conclusiones de un nuevo análisis de Boston Consulting Group (BCG), que alerta de la necesidad de que las compañías tomen decisiones estratégicas de manera inmediata si quieren mantener una posición competitiva durante la próxima década. El estudio pone el foco especialmente en el horizonte 2030-2040 y advierte de que las decisiones que se adopten ahora determinarán qué segmentos y activos industriales podrán seguir siendo competitivos en Europa.

La situación resulta especialmente relevante para una industria que constituye una de las principales bases de la manufactura europea y que suministra materias primas, productos intermedios y especialidades a prácticamente todos los sectores industriales.

Más de 100 plantas en proceso de cierre o venta

Uno de los indicadores más significativos del deterioro es la evolución de la capacidad productiva. Según el análisis recogido por BCG, más de 100 plantas químicas europeas han anunciado su cierre o venta durante los últimos tres años.

El fenómeno se produce después de varios ejercicios en los que la utilización de las capacidades productivas se ha mantenido claramente por debajo de los niveles anteriores a la crisis. La presión afecta especialmente a los negocios de productos químicos básicos y a las actividades con un elevado consumo energético.

El dato coincide con las advertencias que viene realizando Cefic, que a comienzos de 2026 estimó que los cierres de plantas químicas en Europa acumulaban alrededor de 37 millones de toneladas de capacidad, equivalentes a aproximadamente el 9 % de la capacidad productiva europea, además de unos 20.000 empleos directos.

La reducción de capacidad no es, por tanto, un fenómeno aislado de determinadas compañías, sino una tendencia que puede terminar afectando a las propias cadenas de valor industriales europeas.

La energía sigue siendo una desventaja competitiva

Entre las principales causas de esta situación se encuentra el coste de la energía.

En 2025, los precios del gas natural en Europa llegaron a ser hasta cuatro veces superiores a los registrados en Estados Unidos o en Oriente Próximo, mientras que la electricidad duplicaba aproximadamente los precios estadounidenses, según el análisis de BCG. A ello se suma el coste asociado a las emisiones de CO₂ dentro del sistema europeo de comercio de derechos de emisión.

Esta diferencia resulta especialmente crítica para las instalaciones de productos químicos básicos, donde la energía constituye una parte esencial de la estructura de costes.

Los datos de Cefic confirman esta desventaja: durante los primeros cuatro meses de 2026, el gas europeo mantuvo un precio aproximadamente 3,3 veces superior al estadounidense, mientras que la utilización de capacidad de la industria química de la UE se situó alrededor del 74 %, todavía muy por debajo de su media histórica. En el primer trimestre de 2026, además, la producción química europea descendió un 3,2 % interanual.

La competencia de China aumenta la presión

A los costes energéticos se añade el incremento de la competencia internacional, especialmente procedente de China y otras regiones con una elevada disponibilidad de materias primas y energía.

El análisis de BCG señala que la participación de China en las importaciones de Europa Occidental ha aumentado en los últimos años, incrementando la presión sobre los precios y los márgenes de los productores europeos.

El problema resulta especialmente complejo porque Europa no compite únicamente con instalaciones concretas, sino con regiones que han desarrollado grandes cantidades de nueva capacidad productiva.

Cefic también identifica la sobrecapacidad global, especialmente en productos químicos básicos, polímeros y petroquímica, como uno de los principales obstáculos para la recuperación de la industria europea.

El repunte de 2026 no supone una recuperación estructural

El segundo trimestre de 2026 ha proporcionado cierto alivio a los productores europeos. Las interrupciones registradas en las cadenas de suministro internacionales provocaron un aumento de los precios de determinados productos y permitieron mejorar temporalmente la posición competitiva de algunas instalaciones europeas.

Sin embargo, BCG considera que este fenómeno no debe confundirse con una recuperación estructural.

La mejora de los márgenes derivada de las tensiones de suministro puede desaparecer cuando se normalicen los flujos comerciales y vuelva a aparecer la presión de la capacidad excedentaria internacional.

La propia evolución reciente de grandes compañías europeas confirma esta dualidad. Algunas empresas han mejorado sus previsiones o registrado una recuperación de determinados negocios, pero al mismo tiempo mantienen programas de reducción de costes, venta de activos, cierres de instalaciones y reorganización de sus carteras.

Cuatro escenarios para la química europea

El estudio de BCG plantea cuatro posibles escenarios para la evolución de la industria química europea.

Regionalización. La seguridad del suministro adquiere mayor importancia y parte de la producción vuelve a Europa, incluso aunque los costes sean superiores.

Convergencia de costes. Los precios europeos de la energía y las materias primas disminuyen, pero la sobrecapacidad mundial continúa presionando los márgenes.

Prima ecológica. La demanda de productos con bajas emisiones de carbono aumenta lo suficiente como para que los fabricantes capaces de ofrecer soluciones sostenibles puedan trasladar parte de ese valor al mercado.

Afluencia de importaciones. La presión de los productos importados continúa aumentando y obliga a las empresas europeas a perder cuota de mercado y reducir capacidad.

Ninguno de estos escenarios garantiza por sí mismo una recuperación generalizada de la competitividad europea.

De la estrategia global a la decisión planta por planta

Una de las conclusiones más relevantes del análisis es que cada vez tendrá menos sentido analizar la industria química europea únicamente mediante grandes medias sectoriales.

Las diferencias entre segmentos, productos y localizaciones son demasiado importantes. Una planta puede seguir siendo competitiva mientras otra instalación del mismo grupo deja de serlo debido a sus costes energéticos, materias primas, logística, escala o posición dentro de la cadena de valor.

Por ello, las compañías tendrán que evaluar cada división, cada segmento e incluso cada planta individualmente.

En los activos sometidos a una presión estructural elevada, las medidas pueden pasar por reducir capacidad, vender instalaciones o aplicar fuertes programas de reducción de costes. En otros negocios con potencial, la estrategia puede ser diferente: alianzas, integración de cadenas de valor, especialización o inversiones en innovación.

Innovación, digitalización e IA como palancas de competitividad

El análisis también señala que la respuesta de la industria no puede limitarse a reducir costes.

Entre las medidas consideradas necesarias se encuentran concentrar las carteras en los segmentos más sólidos, garantizar a largo plazo el suministro de materias primas y energía y acelerar la mejora de procesos mediante tecnologías digitales e inteligencia artificial.

Esta transformación coincide con otros análisis recientes sobre el sector. McKinsey considera que las compañías químicas europeas deben abordar simultáneamente la mejora de sus resultados y una transformación profunda de sus carteras, huella industrial y asignación de capital.

La sostenibilidad también puede convertirse en una ventaja competitiva si existe una demanda suficiente para productos de menor huella de carbono. Cefic reclama precisamente medidas europeas capaces de generar esa demanda y mejorar el caso de negocio de las inversiones bajas en carbono y circulares.

Una cuestión estratégica para España y Europa

La situación trasciende las fronteras de Alemania, aunque el país representa uno de los casos más sensibles debido al peso de su industria química y a su elevada intensidad energética.

Para España, el deterioro de la base química europea también constituye un desafío estratégico. La industria química española está integrada en numerosas cadenas de suministro continentales y depende de la disponibilidad competitiva de materias primas, energía y productos intermedios.

Al mismo tiempo, España cuenta con oportunidades vinculadas a energías renovables, hidrógeno, electrificación, economía circular y nuevas tecnologías de proceso, que podrían contribuir a mejorar la posición competitiva de determinadas actividades industriales.

El reto será conseguir que esas ventajas se traduzcan en nueva capacidad productiva e inversiones industriales, evitando que la transición energética se produzca mientras Europa pierde parte de su capacidad de fabricación.

La advertencia de BCG es, en definitiva, clara: esperar a que las condiciones del mercado mejoren por sí solas puede no ser suficiente. Las empresas que actúen ahora podrán decidir qué negocios conservar, dónde invertir y qué posición ocupar en las cadenas de valor de 2040. Las que retrasen esas decisiones corren el riesgo de encontrarse con un margen de maniobra mucho menor cuando la recuperación llegue.

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