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La creciente preocupación por la contaminación provocada por las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) está impulsando una nueva carrera tecnológica en la industria química: no solo reducir su utilización, sino desarrollar sistemas capaces de evitar que estos compuestos lleguen al medio ambiente.
La Comisión Europea está trabajando en la identificación de técnicas de abatimiento de PFAS aplicables a instalaciones industriales, dentro de las medidas asociadas a la Directiva de Emisiones Industriales. Paralelamente, prepara un marco europeo de monitorización y estudia una posible iniciativa público-privada para acelerar tecnologías de detección y remediación.
El reto tecnológico es considerable. Los PFAS presentan enlaces carbono-flúor extremadamente resistentes, una de las características que explica tanto sus propiedades industriales como su persistencia ambiental. Por ello, las tecnologías convencionales de tratamiento de aguas no siempre permiten destruirlos, sino que pueden limitarse a transferirlos de una corriente a otra.
La estrategia que está ganando peso pasa por actuar en origen, antes de que los PFAS alcancen aguas superficiales, subterráneas o redes de abastecimiento. Un análisis de la Comisión Europea estima que mantener los niveles actuales de contaminación hasta 2050 supondría unos costes sociales de aproximadamente 440.000 millones de euros, mientras que abordar las emisiones en origen podría evitar alrededor de 110.000 millones. El tratamiento de las aguas contaminadas, por sí solo, podría superar el billón de euros.
En paralelo, ya se están desarrollando diferentes vías tecnológicas. Entre ellas figuran la adsorción mediante carbón activo, procesos electroquímicos de oxidación, fotocatálisis y oxidación con agua supercrítica, además de nuevas soluciones orientadas a la destrucción de PFAS en lugar de su simple separación.
Uno de los principales desafíos consiste precisamente en evitar que el tratamiento genere un residuo concentrado que siga conteniendo PFAS. Por ello, las tecnologías capaces de destruir los compuestos y romper definitivamente sus estructuras fluoradas están adquiriendo especial relevancia frente a los sistemas basados exclusivamente en separación.
El desarrollo de estas soluciones tendrá además una importancia creciente para sectores que utilizan PFAS por sus propiedades de resistencia química, térmica y al agua, entre ellos determinadas aplicaciones de la industria química, electrónica, energía, fabricación de materiales y procesos industriales especializados. La Comisión señala que, aunque existen alternativas para algunos usos, todavía hay aplicaciones industriales consideradas críticas en las que la sustitución inmediata presenta dificultades.
De este modo, el desafío para la industria no se limita a encontrar sustitutos: también pasa por desarrollar nuevas tecnologías de monitorización, captura y destrucción, capaces de reducir las emisiones allí donde se generan y evitar que el problema se traslade posteriormente al tratamiento de aguas, residuos o suelos.
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