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Las compañías energéticas Eni y Repsol están evaluando la posibilidad de incorporar nuevos inversores al desarrollo del gigantesco yacimiento de gas natural Perla, situado frente a las costas de Venezuela, según informa Bloomberg.
Ambas compañías controlan actualmente a partes iguales, con un 50% cada una, la sociedad conjunta Cardón IV, operadora del proyecto.
La operación permitiría a Eni y Repsol obtener capital adicional para financiar el desarrollo y la ampliación de Perla, uno de los principales activos gasistas de Venezuela. Las compañías estarían estudiando la venta de una parte de sus respectivas participaciones, aunque por el momento no han confirmado públicamente esta posibilidad ni han trascendido potenciales compradores.
El movimiento se produce en un momento de creciente interés internacional por los recursos energéticos venezolanos. Eni y Repsol han alcanzado además acuerdos con Caracas para avanzar en la ampliación de la producción de Perla y sentar las bases para iniciar las exportaciones de gas a finales de 2031.
El objetivo pasa por más que duplicar la producción actual y destinar parte del gas a los mercados internacionales mediante gas natural licuado (GNL), utilizando para ello una terminal flotante.
Descubierto en 2009 en aguas poco profundas del Golfo de Venezuela, Perla está considerado uno de los mayores descubrimientos de gas de Latinoamérica, con unos 17 billones de pies cúbicos (Tcf) de gas. El campo comenzó a producir en 2015 y actualmente constituye una fuente fundamental para el suministro de gas venezolano. Según Eni, la producción de Perla representa aproximadamente el 35% del consumo total de gas del país.
La posible entrada de nuevos socios se enmarca en la progresiva recuperación de las inversiones internacionales en el sector energético venezolano. En paralelo, Eni ha reforzado recientemente su presencia en el país tras asumir la operación del gigante petrolero Junín 5, en la Faja del Orinoco, dentro de un nuevo marco contractual con PDVSA.
Para Eni y Repsol, la operación permitiría compartir las necesidades de financiación asociadas a una nueva fase de expansión de Perla, mientras que para potenciales inversores supondría acceder a uno de los principales recursos gasistas de Latinoamérica en un momento de creciente interés por nuevas fuentes de suministro de gas.
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