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La Critical Chemicals Alliance inicia una nueva fase centrada en aplicar sus recomendaciones para reforzar la competitividad de la industria química europea, con una primera lista de moléculas críticas prevista antes de finalizar 2026 y nuevos instrumentos de financiación para la descarbonización.
La Comisión Europea avanza en la puesta en marcha de medidas destinadas a preservar las capacidades productivas estratégicas de la industria química, reforzar su competitividad y reducir las dependencias exteriores.
La segunda Asamblea General de la Critical Chemicals Alliance (CCA), celebrada el pasado 8 de octubre en Creutzwald (Francia), ha marcado el inicio de una nueva etapa en la que el objetivo pasa de analizar los problemas del sector a concretar actuaciones para abordarlos.
Durante la reunión, organizada por la Comisión Europea, se presentaron los resultados finales de los cuatro grupos de trabajo de la Alianza, centrados en las moléculas y producciones críticas, la defensa comercial, las inversiones y la modernización industrial, y el desarrollo de mercados para productos químicos sostenibles.
Uno de los principales avances es la preparación de una primera lista de moléculas químicas críticas para la economía europea. La Comisión está elaborando este documento a partir de la metodología desarrollada por el grupo de trabajo correspondiente, con el apoyo del Centro Común de Investigación (JRC). Su publicación está prevista antes de finalizar 2026 y servirá como punto de partida para identificar producciones estratégicas que puedan requerir medidas específicas de seguimiento y apoyo.
La lista constituye una primera aplicación de la metodología de identificación y no supone todavía una clasificación definitiva de todos los productos químicos considerados críticos para Europa.
La defensa comercial es otro de los ejes prioritarios de la nueva fase. La Alianza ha presentado un plan de acción para agilizar la respuesta europea ante las prácticas comerciales desleales y mejorar la protección de las cadenas de valor industriales frente a las distorsiones del mercado y la sobrecapacidad global.
En paralelo, la Comisión trabaja en el denominado ETS Investment Booster, un mecanismo que podría movilizar alrededor de 400 millones de derechos del Régimen Europeo de Comercio de Emisiones (ETS) y canalizar aproximadamente 30.000 millones de euros hacia proyectos industriales de descarbonización.
La iniciativa busca contribuir a financiar las transformaciones que necesitan las instalaciones industriales para reducir sus emisiones y modernizar sus procesos. Ante la futura puesta en marcha de nuevos instrumentos de apoyo, la Comisión ha instado a las empresas a preparar proyectos maduros y listos para recibir financiación.
Estas actuaciones se enmarcan en el reto de mantener la producción química en Europa y evitar que las dificultades de competitividad y los costes de transformación aceleren el cierre o el traslado de instalaciones industriales.
La Alianza también ha abordado la necesidad de desarrollar mercados para los productos químicos bajos en carbono y las materias primas sostenibles. Entre las líneas de actuación figuran el aprovechamiento de biomasa y materiales reciclados, así como el uso de carbono capturado como alternativa para reducir la dependencia de materias primas fósiles importadas.
Los próximos pasos incluirán la continuación de los trabajos sobre la lista de moléculas críticas, el diseño del ETS Investment Booster, la iniciativa Diversify EU para reducir dependencias estratégicas y los mecanismos de apoyo a la modernización y descarbonización de la industria.
Creada por la Comisión Europea en 2025, la Critical Chemicals Alliance reúne a instituciones, empresas y representantes del sector para identificar las producciones químicas estratégicas para la economía comunitaria y formular recomendaciones destinadas a salvaguardar la capacidad industrial europea.
La Federación Empresarial de la Industria Química Española (FEIQUE) participa activamente en sus grupos de trabajo y seguirá atenta a la aplicación de las medidas propuestas.
Por todo ello, la nueva etapa será determinante para comprobar si las recomendaciones se traducen en instrumentos efectivos de inversión, protección comercial y modernización. El reto para la industria química europea será convertir este marco de actuación en decisiones concretas que permitan mantener la producción, atraer inversiones y competir en un mercado internacional cada vez más exigente.
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