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La Comisión Europea impulsa el desarrollo de un mercado para la captura y almacenamiento de CO₂ y consulta una mayor flexibilidad para utilizar fertilizantes derivados de purines, dos vías para avanzar hacia una industria más circular y reducir la dependencia de recursos externos.
La Unión Europea avanza en dos frentes que pueden contribuir a transformar los procesos industriales y la gestión de recursos: el despliegue de infraestructuras para capturar y almacenar dióxido de carbono (CO₂) y la valorización de residuos ganaderos para producir fertilizantes alternativos a los de origen químico. Ambas iniciativas se enmarcan en los objetivos comunitarios de descarbonización, economía circular y autonomía estratégica, aunque responden a actuaciones regulatorias diferentes.
Europa está sentando las bases para desarrollar un mercado comercial de captura, transporte y almacenamiento de CO₂, una tecnología que puede resultar decisiva para reducir las emisiones de sectores en los que la electrificación y la eficiencia energética no son suficientes, como la industria química, el cemento o el acero.
Los primeros proyectos comerciales europeos empiezan a demostrar la viabilidad de conectar instalaciones industriales con redes de transporte y emplazamientos de almacenamiento geológico permanente. Entre ellos destacan la planta de fertilizantes de Yara en Sluiskil (Países Bajos), capaz de capturar hasta 800.000 toneladas de CO₂ anuales, y el proyecto danés Greensand, que ha iniciado su actividad comercial de almacenamiento en el mar del Norte.
La evolución de estas infraestructuras se apoya en el marco regulatorio comunitario, la financiación pública y los incentivos económicos asociados al mercado europeo de derechos de emisión. También influye el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (MAFC), concebido para reducir las diferencias entre los costes climáticos que afronta la producción europea y los aplicables a determinados productos importados.
Sin embargo, la extensión de la captura y el almacenamiento de carbono a escala industrial todavía afronta importantes barreras económicas y de infraestructura. Los costes aumentan cuando el CO₂ se encuentra más diluido en los gases de proceso, una dificultad relevante para actividades como la fabricación de cemento, acero y determinados productos químicos.
España, por su parte, necesita acelerar el desarrollo de proyectos de captura y almacenamiento, así como de las infraestructuras necesarias para conectar a los emisores industriales con los emplazamientos de almacenamiento. La disponibilidad de capacidad, la tramitación de permisos y la coordinación transfronteriza serán factores determinantes para que estas soluciones puedan desplegarse de forma competitiva.
En paralelo, la Comisión Europea ha abierto una consulta pública sobre una propuesta para flexibilizar el uso de determinados digestatos líquidos procedentes de estiércol ganadero, incluidos los derivados de purines, como alternativa a los fertilizantes químicos convencionales.
La iniciativa plantea una modificación específica de la Directiva sobre nitratos para permitir que los Estados miembros dispongan de mayor margen a la hora de autorizar estos materiales, siempre que se mantenga una gestión adecuada de los riesgos ambientales. El objetivo es ayudar a los agricultores a reducir costes y disminuir su dependencia de los fertilizantes minerales.
Esta actuación se vincula al Plan de Acción sobre Fertilizantes presentado por la Comisión en mayo y a la estrategia comunitaria para el sector ganadero. El planteamiento busca aprovechar mejor los nutrientes presentes en los residuos orgánicos y favorecer el desarrollo de alternativas de origen biológico, en un contexto marcado por la volatilidad de los precios y la dependencia europea de determinados suministros externos.
La valorización de purines y otros residuos ganaderos puede contribuir a cerrar ciclos de nutrientes y a impulsar nuevas cadenas de valor entre el sector agroganadero y las actividades de tratamiento y transformación de residuos. No obstante, su aplicación requiere establecer condiciones que garanticen la protección de las aguas y eviten impactos asociados al exceso de nutrientes.
Aunque las dos actuaciones responden a objetivos y marcos normativos distintos, comparten una orientación estratégica: convertir los retos ambientales en oportunidades para desarrollar nuevas tecnologías, infraestructuras y mercados.
La captura de CO₂ pretende reducir las emisiones de procesos industriales difíciles de descarbonizar, mientras que el aprovechamiento de digestatos busca recuperar nutrientes y sustituir parcialmente materias primas convencionales en la fabricación y aplicación de fertilizantes.
Para la industria química, ambas líneas abren oportunidades en ámbitos como las tecnologías de separación y tratamiento de gases, las infraestructuras de transporte y almacenamiento de carbono, la gestión de residuos, la recuperación de nutrientes y el desarrollo de productos de menor impacto ambiental.
El avance efectivo dependerá, en ambos casos, de que el impulso regulatorio se traduzca en inversiones, soluciones técnicamente viables y condiciones de mercado que permitan ampliar su implantación de cara a los meses venideros.
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