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La petrolera estadounidense estudia desprenderse de participaciones en los campos Petronius, Tubular Bells y Llano, además de otros activos, en una operación que podría reportarle alrededor de 1.000 millones de dólares.
Chevron ha iniciado el proceso para comercializar algunos de sus activos maduros de producción de petróleo y gas en el golfo de México, en el marco de una estrategia destinada a concentrar sus inversiones en proyectos con mayor potencial de crecimiento. La compañía ha confirmado que está evaluando la venta de varias instalaciones y participaciones, aunque ha advertido de que todavía no existe garantía de que las operaciones lleguen a materializarse.
Entre los activos incluidos en el proceso figuran los campos Petronius, Tubular Bells y Llano, además de participaciones en otros yacimientos operados y no operados. La iniciativa se encuentra en una fase inicial y se desarrollará a lo largo de varios meses. Según fuentes conocedoras de la operación citadas por Reuters, las desinversiones podrían generar aproximadamente 1.000 millones de dólares para Chevron.
La reorganización de la cartera responde al objetivo de la compañía de reforzar su presencia en los proyectos más recientes del golfo de México, donde aspira a alcanzar una producción de 300.000 barriles equivalentes de petróleo al día antes de finalizar 2026.
Entre sus prioridades se encuentran el desarrollo de Anchor, su primera plataforma de producción con tecnología submarina de presión ultraalta, y Ballymore, que comenzó a producir en 2025. La compañía también mantiene actividades de exploración para localizar nuevos recursos de petróleo y gas cerca de instalaciones existentes, una estrategia que permite aprovechar infraestructuras ya disponibles.
Los activos que Chevron pretende comercializar presentan distintos historiales de producción. Petronius comenzó a producir en el año 2000, mientras que Tubular Bells entró en operación en 2014. La compañía posee actualmente el 100 % de este último campo, tras asumir la participación restante después de la adquisición de Hess. En Llano, Chevron heredó de Hess una participación del 50 %; el yacimiento está operado por Shell y comenzó su producción en 2004.
El contexto del mercado podría favorecer las desinversiones. La demanda de activos energéticos estadounidenses continúa atrayendo a compradores y los precios elevados del petróleo respaldan las valoraciones. Entre los posibles interesados se encuentran operadores internacionales especializados en proyectos offshore, compañías estadounidenses con presencia en la región y otros grandes grupos energéticos.
La operación refleja una tendencia a optimizar las carteras de producción mediante la venta de activos maduros y la reasignación de capital hacia desarrollos con mejores perspectivas. En el caso de Chevron, el objetivo es mantener el crecimiento de su producción en el golfo de México y reforzar su posición en proyectos considerados estratégicos para los próximos años.
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