por José Ignacio Gómez Cívicos Ingeniero Químico-AMIChemE por la Universidad de Valladolid, y Doctor por la Univ. Complutense de Madrid 16 de mayo, 2014 Artículos técnicos comentarios Bookmark and Share
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Aunque la legislación en vigor no impone el uso de un código de diseño de recipientes a presión, es preferible la adopción de alguno que proporcione una adecuada garantía de seguridad en operación. El autor da respuesta en este artículo a las cuestiones que se plantean en el diseño de recipientes a presión, desde su conveniencia o no, la elección del mismo o los requisitos legalmente exigibles.

No es raro que el estudiante de ingeniería reciba la formación en diseño de recipientes a presión en forma de recorrido por fórmulas para el cálculo, usando un código de diseño entendido, pues, como un prontuario [1]. Por supuesto, en buena medida ése es su objetivo - el propio código ASME VIII lleva en su título Rules for construction of pressure vessels-. Sin embargo, existen matices que suelen pasarse por alto a la hora de valorar en su verdadera magnitud el empleo de un código de diseño:

1. Los códigos de diseño se justifican y entienden  bajo el enfoque de prevención de riesgos, motivados por la necesidad de reducir tanto como sea posible la probabilidad y gravedad de accidentes. En el caso de recipientes a presión (en especial cuando están sujetos a la acción de una llama), este enfoque está plenamente justificado, puesto que su fallo puede ser con resultado de explosión [2]. Por un lado, es lógico pensar que la seguridad del producto final será mayor cuanto más tempranamente se incorpore este aspecto al ciclo de vida de un producto, es decir, en su diseño (concepto safe by design) Por otro, es importante resaltar que la elaboración y mejora de un código de diseño es, por naturaleza, un proceso de múltiples contribuciones de muchos profesionales competentes en el sector, controlado por una institución de reconocido prestigio, de forma que su empleo disminuye de forma drástica la posibilidad de pasar por alto algún factor que afecte de forma determinante a la seguridad según los últimos conocimientos sobre la materia (estado del arte). En resumen, un código de diseño en general existe “por y para la seguridad”. Emplear un código de diseño puede implicar mayor coste que no hacerlo, pero siempre redundará en beneficio de la seguridad.

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