por Antonio Sola Rosique, Vicepresidente de INGEMAN (Asociación para el Desarrollo de la Ingeniería y Gestión de Mantenimiento) 5 de noviembre, 2014 Artículos técnicos comentarios Bookmark and Share
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Desde los primeros momentos de la actividad industrial, los procesos industriales que la sostienen han necesitado de una actividad operativa dedicada a la gestión optimizada de los recursos técnicos y organizativos. La finalidad es la de corregir las desviaciones ocasionadas por averías y, más recientemente, previniendo y prediciendo tales averías con el objetivo de garantizar la disponibilidad, fiabilidad y la utilización eficiente y eficaz de estas, dentro de un marco de cumplimiento de normas y criterios medioambientales, de calidad y seguridad.

En la actualidad, importantes industrias con una inversión intensiva de capital en activos físicos, tales como manufactureras, metalúrgicas, energéticas, petroleras, automovilísticas, mineras, etc., verifican que tanto la fiabilidad como la disponibilidad de estos activos son aspectos esenciales para el éxito financiero de la organización, y comprueban que el mantenimiento y la vida útil de los activos pueden tener un gran impacto en la sostenibilidad de estas empresas, afectando con ello al rendimiento global de las organizaciones, razón por la cual propietarios, operadores y proveedores de activos, centran parte de su atención en mejorar las prácticas de su gestión, introduciendo corporativamente una cultura basada en la sostenibilidad, y orientada hacia la optimización de la fiabilidad, disponibilidad, utilización y gestión de riesgos generados por la actividad operativa de estos activos, consiguiendo de esta manera un mejor rendimiento en el uso de los mismos.

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