por Juan García Portero. Geólogo. Responsable de exploración en la Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi (SHESA). Grupo de Estudio de los Hidrocarburos No Convencionales (GEHNC) 15 de noviembre, 2018 Artículos técnicos comentarios Bookmark and Share
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Se describe la historia de los Hidrocarburos No Convencionales (HNC) que, siendo una realidad industrial y comercial muy reciente, son también una realidad consolidada que presenta volúmenes de producción considerables, tanto para petróleo como para gas, y que, con los datos y las estimaciones disponibles que en el artículo se muestran, van a continuar representando una aportación significativa a la producción mundial de hidrocarburos hasta el horizonte temporal que dichas estimaciones alcanzan, mediados del presente siglo.

Introducción
Los Hidrocarburos No Convencionales (HNC) abarcan una serie de tipos, bastante diferentes y heterogéneos entre sí, que solamente tienen en común un par de características que, a su vez, los diferencian netamente de lo que habitualmente se ha denominado hidrocarburos y que, desde la entrada en escena de los HNC, se les adjetiva como convencionales.
Los hidrocarburos convencionales, los que la humanidad viene produciendo desde hace más de un siglo, se caracterizan por estar contenidos en rocas porosas y permeables (rocas almacenes o reservorios, que suelen ser areniscas y/o calizas). Porosas significa que tienen poros o huecos, cuyo volumen acumulado puede alcanzar cifras significativas con respecto al volumen total de la roca (de 1% a 25%, o incluso más, en las buenas rocas almacén). Los hidrocarburos convencionales están almacenados en los poros de las rocas almacén. Permeables significa que esos poros están intercomunicados entre sí y que el fluido en ellos contenido puede desplazarse fácilmente por el entramado de los poros, siempre y cuando exista un diferencial de presión de una zona del reservorio a otra. Por lo tanto, para producir los hidrocarburos convencionales albergados en una roca almacén en el subsuelo (cualquiera que sea la profundidad a la que se encuentre el almacén, generalmente mayores que 1.000 o 2.000 metros) basta con perforar un pozo que ponga en contacto la superficie (con presiones bajas) con la roca almacén en el subsuelo (con presiones superiores o muy superiores, en función de la profundidad a la que se encuentre y de otros aspectos geológicos).

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