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En la fabricación de productos químicos, donde la precisión es primordial y los márgenes de error son mínimos, los sistemas de aire comprimido sirven como el salvavidas invisible que mantiene la producción en marcha.
El aire comprimido, a menudo descrito como la “cuarta energía” junto con la electricidad, el agua y el gas natural, alimenta desde válvulas y actuadores neumáticos hasta sistemas de manipulación de materiales e instrumentación de procesos. Sin embargo, a pesar de su importancia crítica, el aire comprimido sigue siendo uno de los servicios peor controlados y gestionados de forma más ineficiente en muchas plantas químicas.
El sector de la fabricación de productos químicos se enfrenta a retos únicos en lo que respecta a la gestión del aire comprimido. Los procesos de producción exigen una estabilidad inquebrantable tanto en el flujo como en la presión; una fluctuación de incluso unos pocos m³/min o PSI puede provocar problemas de calidad, problemas de seguridad o paradas totales de la producción. Los reactores requieren un control neumático preciso, las operaciones de llenado dependen de un suministro constante de aire comprimido y las líneas de envasado no pueden tolerar variaciones de presión.
En este entorno exigente, el papel de los sistemas de control de aire comprimido va mucho más allá del simple mantenimiento de la presión; se convierten en los guardianes de la estabilidad de la producción, la eficiencia energética y la excelencia operativa.