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Las exigencias climáticas y regulatorias impulsan nuevas estrategias para descarbonizar procesos. Desde la revalorización de CO2 hasta el desarrollo de celdas solares avanzadas, este artículo explora cómo la química de materiales abre oportunidades para una transición energética más eficiente y adaptable.
La transición energética ha dejado de ser una promesa para convertirse en una oportunidad. Con la aprobación del paquete Fit for 55, la Unión Europea se compromete a reducir de forma drástica sus emisiones de CO2 y a transformar sectores clave como el transporte y la energía en apenas una década.
Entre las medidas que más titulares han generado está el requisito de que, a partir de 2035, los coches y furgonetas nuevos vendidos en la UE no emitan CO2 por el tubo de escape. La norma no prohíbe la tecnología de combustión, pero limita severamente el uso de combustibles convencionales y acelera la electrificación.
Este marco ha reabierto el debate sobre el papel de los biocombustibles y el biogás en la descarbonización. Aunque pueden contribuir a reducir el uso de recursos fósiles, la regulación tiende a evaluar las emisiones directas, sin incorporar siempre el balance global de carbono ni el potencial de estas rutas dentro de modelos de economía circular.