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El despliegue del biometano en España ha entrado en una nueva fase. En 2025, nuestro país alcanzó las 24 plantas en operación, el doble de las existentes un año antes, y la energía inyectada en las redes gasistas superó los 420 GWh, un 36 % más con respecto a 2024.
Celebrar este avance no debe llevarnos a la complacencia. Es significativo pero insuficiente, porque lo cierto es que se mantiene una importante brecha entre la realidad y el enorme potencial que posee España para la producción de este gas renovable, uno de los mayores de la Unión Europa: los 163 TWh anuales que podría alcanzar su generación permitirían sustituir aproximadamente el 50 % de la demanda nacional de gas natural.
Nuestro país se encuentra, pues, ante una oportunidad histórica para acelerar la descarbonización de su economía. Y se encuentra en una posición privilegiada para aprovecharla: disponemos de la materia prima, de la tecnología, del compromiso inversor de las empresas promotoras y, no menos importante, de un sistema capaz de integrar estos nuevos volúmenes de gas renovable de forma eficiente y segura.