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En un entorno de exigencia normativa y social creciente, la seguridad y salud laboral es un componente clave de la gestión industrial. En plantas de alimentación y gran consumo, los retos combinan operación diaria, cultura preventiva y adaptación a nuevas herramientas.
En esta entrevista hablamos con Jordi Jansà sobre las prioridades que vienen, el papel de los datos en la toma de decisiones y cómo COASHIQ promueve el intercambio técnico y la mejora práctica.
En mi experiencia (aún relativamente reciente en gran consumo), la seguridad y salud en la industria alimentaria avanza a distintas velocidades: hay compañías con prácticas muy consolidadas y otras en fases más iniciales. Me ha impactado ver cómo algunas plantas trabajan la cultura preventiva con conversaciones estructuradas: parar 10 minutos antes del turno para repasar tareas críticas, o usar corners interactivos en el área donde operarios y mandos reflexionan juntos sobre riesgos y mejoras.
A la vez, cuando prevención, producción y mantenimiento no terminan de coordinarse, cuesta integrar la seguridad en la operativa diaria. Esto importa porque la prevención solo se consolida cuando se vive en el trabajo real, cada día.
Desde mi experiencia, no hablaría de riesgos “del sector” en general, pero sí de tendencias que ya estoy viendo en planta y que también deberían estar en el radar de dirección. Por un lado, la automatización creciente —incluidos AGVs en algunos centros— cambia el perfil de riesgo: convivencia entre personas y equipos, tráfico interno, nuevas tareas de supervisión e interacciones que antes no existían.
Por otro, donde el proceso sigue siendo más manual, la ergonomía pesa mucho: repetición, sobreesfuerzos y trastornos musculoesqueléticos, especialmente en plantillas con cierta edad. Y, a corto plazo, la IA acabará entrando en procesos y decisiones; el reto será integrarla con criterio y controles. Para mí, una gestión HSE avanzada es anticipar el cambio con buen diseño, evaluación previa, competencias claras y seguimiento práctico en planta.
COASHIQ no es una asociación sectorial de alimentación, pero su valor es muy transferible a cualquier operación industrial con exigencia operativa alta. Para una empresa de la cadena alimentaria, eso se traduce en tres cosas muy prácticas: una “foto” comparativa para saber dónde está y qué están haciendo otras compañías en seguridad y salud; información útil para anticipar cambios regulatorios y entender por dónde evolucionan los criterios de la administración; y, en el día a día, acceso a una red de unos 170 profesionales HSE y a grupos de trabajo para contrastar dudas y soluciones ya probadas. Esto ayuda a decidir mejor, priorizar con criterio y anticiparse antes de que el riesgo llegue a la operativa.
Por mi experiencia, la ventaja competitiva no aparece cuando una empresa “cumple y ya”, sino cuando consigue que la seguridad forme parte real de cómo opera, especialmente en entornos con ritmo alto y presión diaria. La base está en medidas técnicas y de ingeniería que eviten interacciones peligrosas entre personas y equipos.
Después, hacen falta procedimientos, normas y estándares internos que ordenen el trabajo y reduzcan la variabilidad. Pero llega un momento en que eso, por sí solo, se estanca. Ahí entra la cultura preventiva: liderazgo, conversaciones, decisiones coherentes y hábitos en el día a día. Cuando esa tercera capa existe, las otras dos se sostienen mejor. Y eso se nota en menos interrupciones, más fiabilidad, mejor respuesta en auditorías y más consistencia en el trabajo diario.
No daría una respuesta universal para toda la industria alimentaria, porque la eficacia de cada medida depende mucho del punto de partida y del nivel de madurez preventiva de cada planta. Si tengo que destacar prácticas que suelen funcionar, lo primero que ayuda es definir Reglas de Oro o líneas rojas: pocas, claras y no negociables cuando aparecen muchas desviaciones o comportamientos de riesgo.
En segundo lugar, un sistema estructurado de observaciones preventivas en campo, con formación y con implicación real de la línea de mando, no solo de grupos de trabajadores. Y, por último, una Medicina del Trabajo realmente presente en el centro, conectada con prevención y bienestar, no solo con reconocimientos. Bien implantadas, estas tres palancas reducen la dispersión en “cómo se hacen las cosas” y mejoran el bienestar laboral.
Yo lo resumiría así: sin datos, es muy difícil trazar una hoja de ruta HSE con criterio. Necesitas conocer tu punto de partida, definir un objetivo realista, fijar prioridades y medir si avanzas. Y conviene aclarar algo: recoger datos no siempre significa hacer una gran inversión en tecnología; a veces basta con sistematizar bien lo que ya ocurre en planta.
Un ejemplo claro son las observaciones preventivas en campo y las listas de verificación de la línea de mando. Si esa información se recoge y se ordena, puedes identificar qué comportamientos de riesgo o desviaciones se repiten más y dónde se concentran. Con esa base, la dirección prioriza mejor, ajusta acciones y construye una estrategia propia, más consistente y pegada a la realidad.
Yo lo plantearía de forma muy sencilla: no colaborar con COASHIQ no supone renunciar a un sello, sino a una conversación útil que ayuda a entender antes los cambios y a llevarlos a decisiones concretas. Eso se nota cuando aparecen temas como los PFAS y su impacto en envases, materiales en contacto con alimentos o cadena de suministro, o cuando toca abordar la transición a espumas de extinción libres de flúor en instalaciones industriales.
También en asuntos transversales como la IA aplicada al trabajo diario del responsable HSE/medio ambiente, o debates sobre género y edadismo en seguridad y salud. Además, hay una actividad continua de webinars sobre legislación, sostenibilidad y cultura preventiva, con 40–80 empresas conectadas, y una red de unos 170 profesionales HSE/MA que permite contrastar criterios y acelerar mejoras.
En esa misma lógica, los Premios COASHIQ a la Sostenibilidad sirven para compartir proyectos útiles y hacer la sostenibilidad más practicable, también en PyME. El beneficio real es operativo: más anticipación, mejor criterio, mejor priorización y menos improvisación.
Creo que en los próximos años la agenda va a venir marcada por tres frentes concretos: una digitalización más útil de la prevención, con mejor gestión del dato y con la IA como tendencia que habrá que gobernar con criterio; una integración real entre seguridad, operación y sostenibilidad en la toma de decisiones; y el refuerzo de la cultura preventiva y del liderazgo, porque muchas mejoras siguen dependiendo de cómo se decide y de cómo se trabaja en planta.
En sostenibilidad, para mí hay una idea clave: también tiene que ser practicable para la PyME, no como un discurso para grandes corporaciones, sino como acciones concretas que mejoren decisiones y resultados.
Ahí COASHIQ aspira a aportar desde un papel claro: ser una comunidad profesional que comparte conocimiento, ayuda a anticipar cambios regulatorios, aterriza herramientas útiles y refuerza cultura y liderazgo en el día a día.
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