por Konetia Automation 23 de junio, 2026 XML
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La automatización de procesos en entornos con riesgo de explosión exige mucho más que incorporar nueva tecnología. En las zonas ATEX, donde la presencia de sustancias inflamables obliga a cumplir estrictos requisitos de seguridad, una correcta planificación, la elección de equipos certificados y la revisión periódica de las instalaciones resultan fundamentales para garantizar tanto la protección de las personas como el cumplimiento normativo.

Claves para automatizar procesos industriales en atmósferas potencialmente explosivas

Toda planta química que manipula sustancias inflamables convive con una realidad técnica y normativa que no admite interpretaciones: la existencia de zonas ATEX. La legislación europea exige que cualquier equipo instalado en estas áreas esté preparado para trabajar de forma segura en atmósferas potencialmente explosivas. Sin embargo, entre la teoría y la práctica sigue existiendo una distancia importante.

Muchas instalaciones mantienen clasificaciones de riesgo elaboradas hace años o incorporan equipos que ya no se corresponden con las condiciones reales de operación. En este contexto, las empresas de automatización industrial desempeñan un papel cada vez más relevante para adaptar los procesos a los requisitos actuales de seguridad.

Lo que exige la normativa y dónde aparecen los problemas

La normativa ATEX establece diferentes categorías de zonas según la probabilidad de presencia de atmósferas explosivas. Las zonas 0 y 20 corresponden a entornos donde el riesgo está presente de forma continua o durante largos periodos. Las zonas 1 y 21 contemplan una presencia probable durante el funcionamiento normal de la instalación. Por último, las zonas 2 y 22 se refieren a situaciones poco probables y de corta duración.

La clasificación correcta de las zonas es la base de toda estrategia de seguridad ATEX. El problema es que muchas plantas fueron diseñadas hace décadas y han experimentado ampliaciones, cambios de materias primas o modificaciones de procesos sin revisar posteriormente la clasificación original.

Esta situación puede provocar que determinados sensores, cuadros eléctricos o elementos de control ya no dispongan del nivel de protección adecuado para el entorno donde trabajan. Además, cuando se acometen proyectos de modernización, todos los nuevos componentes deben cumplir la directiva correspondiente a la zona donde serán instalados.

Cómo se automatiza correctamente una instalación ATEX

Automatizar un proceso en una zona clasificada requiere una planificación específica desde la fase inicial de ingeniería. No basta con seleccionar equipos industriales convencionales y adaptarlos posteriormente.

Uno de los principios más utilizados consiste en reducir al máximo la presencia de equipos eléctricos dentro de la zona clasificada. Siempre que es posible, se recurre a sistemas neumáticos que eliminan potenciales fuentes de ignición.

Cuando son necesarios dispositivos eléctricos, se emplean soluciones especialmente diseñadas para estos entornos:

  • Equipos con certificación ATEX adecuada para cada zona.
  • Sistemas de seguridad intrínseca.
  • Envolventes antideflagrantes.
  • Sistemas presurizados de protección.
  • Sensores y elementos de control específicamente certificados.

A ello se suma el diseño de sistemas de control que incorporan enclavamientos de seguridad, monitorización continua de parámetros críticos y protocolos automáticos de parada.

La seguridad no debe añadirse al final del proyecto, sino formar parte de la arquitectura del sistema desde el primer diseño.

En este ámbito, los especialistas en automatización en zonas ATEX desarrollan proyectos que abarcan desde la clasificación de zonas hasta la puesta en marcha certificada, incluyendo la selección de componentes y la programación de los sistemas de seguridad.

El coste real de una mala implantación

Cuando se habla de incumplimientos ATEX, el riesgo va mucho más allá de una posible sanción administrativa. Una fuente de ignición instalada en una zona clasificada puede desencadenar una explosión con consecuencias humanas, económicas y medioambientales muy graves.

Además, la responsabilidad legal recae directamente sobre el titular de la instalación. La ausencia de certificaciones adecuadas puede agravar significativamente las consecuencias jurídicas en caso de accidente.

Las aseguradoras también prestan una atención creciente a este aspecto. La documentación técnica, la clasificación de zonas y las certificaciones de los equipos forman parte habitual de las auditorías de riesgo. Si la instalación no cumple los requisitos exigidos, la cobertura de determinadas pólizas puede verse comprometida precisamente cuando más se necesita.

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