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La petroquímica estadounidense Phillips 66 anunció ayer la compra de la refinería Lindsey, situada en el norte de Inglaterra, tras la apertura del proceso de liquidación de las actividades de aquel emplazamiento.
Según se desprende de la nota de prensa publicada, la empresa norteamericana integrará los activos clave de Lindsey en sus instalaciones ya existentes en Humber, lo que mejorará la flexibilidad del suministro y apoyará la producción de combustibles tradicionales y renovables.
Una vez completada la transacción, Phillips prevé abastecer al mercado británico desde la refinería de Humber, lo que "reforzará la seguridad energética del Reino Unido y respaldarán cientos de puestos de trabajo bien remunerados y de alta calidad" a través de las operaciones de la planta y las inversiones futuras.
"El acuerdo para comprar los activos de la refinería de Lindsey y la infraestructura asociada supone un paso importante para Phillips 66 Limited, ya que seguimos invirtiendo en la seguridad energética del Reino Unido", ha asegurado el director ejecutivo de Phillips 66, Paul Fursey.
"Somos conscientes y comprendemos profundamente lo difícil que ha sido el cierre de la planta para los trabajadores y la comunidad local. Esta venta es la mejor manera de garantizar los puestos de trabajo, reforzar la economía local y fomentar la inversión en la región", ha añadido.
El ministro de Energía del Reino Unido, Michael Shanks, declaró: "Esto ampliará la capacidad de la empresa para suministrar combustible a los clientes británicos, reforzando la seguridad energética nacional y asegurando empleos, incluidos cientos de nuevos puestos en la construcción durante los próximos cinco años".
Por su parte, Sharon Graham, secretaria general del sindicato Unite, afirmó que "La refinería Lindsey es una pieza fundamental de la infraestructura energética del Reino Unido. Phillips 66 no debería limitarse a dejar el sitio inactivo y convertirlo en un simple depósito de almacenamiento".
Cabe recordar que La refinería Lindsey cerró en julio del año pasado después de que su anterior propietaria, Prax, entrara en insolvencia, poniendo en riesgo los 420 empleos del lugar.
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