14 de septiembre, 2026 XML
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Un análisis de ChemSec señala que la mayoría de los grandes fabricantes de estas sustancias prevén aumentar su capacidad para atender el crecimiento de la infraestructura de IA, mientras la industria afronta una presión regulatoria creciente sobre los llamados ´químicos eternos´.

La expansión mundial de la inteligencia artificial (IA) está generando una demanda creciente de productos químicos especializados y, entre ellos, de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS).

Un nuevo análisis elaborado por la organización sueca ChemSec advierte de que la mayoría de los diez principales productores mundiales de PFAS tienen planes para ampliar su capacidad, impulsados principalmente por las necesidades asociadas a centros de datos, fabricación de semiconductores y baterías de ion-litio.

El desarrollo de nuevas infraestructuras destinadas a soportar la expansión de la IA está abriendo así un nuevo mercado para los fabricantes de productos fluorados. Los PFAS presentan propiedades de elevada resistencia térmica, química y al agua que los hacen especialmente útiles en determinadas aplicaciones industriales.

En los centros de datos, algunas de estas sustancias se están empleando en sistemas avanzados de refrigeración líquida, mientras que en la fabricación de semiconductores intervienen en diferentes etapas de procesos de alta precisión.

Refrigeración para centros de datos

Uno de los puntos que está adquiriendo mayor relevancia es la necesidad de refrigerar los servidores destinados a las aplicaciones de IA. El incremento de la potencia de cálculo está elevando las necesidades térmicas de los centros de datos y favoreciendo el desarrollo de nuevas tecnologías de refrigeración.

Entre ellas se encuentra la refrigeración por inmersión en dos fases, en la que determinados fluidos fluorados actúan como refrigerantes. El fluido entra en contacto con los equipos, absorbe el calor y se evapora a baja temperatura; posteriormente, el vapor se condensa y vuelve al circuito. Este sistema puede reducir determinadas necesidades de agua y energía frente a soluciones convencionales, uno de los argumentos que está impulsando el interés industrial por estas tecnologías.

La demanda no se limita, sin embargo, a la refrigeración. Los PFAS desempeñan también un papel relevante en la fabricación de semiconductores, un sector que está experimentando un fuerte crecimiento como consecuencia de la expansión de la IA. Según el análisis de ChemSec, los materiales fluorados pueden intervenir en numerosos pasos de los procesos de fabricación de microchips.

Los grandes fabricantes aumentan su capacidad

ChemSec señala que empresas como Chemours, Daikin, Arkema, AGC, Syensqo, Solstice Advanced Materials, Gujarat Fluorochemicals, Orbia Fluor & Energy Materials, Dongyue y HaloPolymer figuran entre los grandes productores que están ampliando o proyectando ampliar sus capacidades relacionadas con PFAS.

En algunos casos, las propias compañías relacionan explícitamente sus inversiones con el crecimiento de la inteligencia artificial. Arkema, por ejemplo, está desarrollando una nueva unidad de producción de refrigerantes en Kentucky con una inversión de 60 millones de dólares, destinada, según la información recogida por ChemSec, a responder al crecimiento de las necesidades de refrigeración de los centros de datos.

Chemours, por su parte, está orientando parte de su estrategia hacia soluciones de refrigeración líquida para centros de datos y hardware de IA, argumentando que estas tecnologías pueden contribuir a reducir las necesidades de agua, energía, espacio y mantenimiento de estas instalaciones.

Daikin también ha identificado el mercado de los centros de datos como una oportunidad de crecimiento y ha anunciado el desarrollo de un hub específico para este mercado, mientras que otros productores están vinculando sus inversiones a la fabricación de semiconductores y a las baterías de ion-litio.

El reto: crecimiento industrial frente a regulación

El incremento de la producción llega, sin embargo, en un momento de creciente presión sobre los PFAS. Su elevada estabilidad química, precisamente una de las propiedades que los hace útiles en aplicaciones industriales exigentes, dificulta su degradación una vez liberados al medio ambiente.

La preocupación por estas sustancias ha provocado en los últimos años un endurecimiento de las políticas regulatorias y un debate sobre la necesidad de limitar determinados usos. En Europa, la propuesta de restricción de PFAS está siendo evaluada en el marco del proceso regulatorio de la UE, mientras diferentes países y regiones están adoptando medidas adicionales.

La situación genera así una contradicción industrial cada vez más evidente: mientras determinados sectores estratégicos —como la IA, los centros de datos y los semiconductores— incrementan su demanda de materiales con propiedades fluoradas, las administraciones y organismos ambientales buscan reducir la utilización y las emisiones de PFAS.

El debate afecta también directamente a los propios fabricantes. El pasado 10 de septiembre, Chemours, DuPont y Corteva acordaron pagar 455 millones de dólares para resolver reclamaciones relacionadas con contaminación por PFAS en Carolina del Norte. El acuerdo se suma a otros litigios y costes asociados a la contaminación histórica por estas sustancias.

BASF apuesta por abandonar los PFAS

Frente a la estrategia expansiva de buena parte del sector, BASF representa una de las excepciones destacadas identificadas por ChemSec. La compañía alemana ha anunciado su intención de abandonar la producción de PFAS en 2028, situándose junto a Archroma entre las empresas que están apostando por reducir o eliminar progresivamente esta producción.

El escenario que se abre para la industria química es, por tanto, complejo. La revolución de la IA está creando nuevas oportunidades de mercado para determinadas familias de productos químicos al mismo tiempo que aumenta la presión para desarrollar alternativas más seguras y sostenibles.

Para los fabricantes de PFAS, el crecimiento de los centros de datos y de los semiconductores representa una oportunidad industrial de gran dimensión. Para los reguladores y el conjunto de la industria química, plantea el reto de compatibilizar las necesidades tecnológicas de una economía cada vez más digitalizada con la reducción del impacto ambiental asociado a sustancias extremadamente persistentes.

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