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Sensores conectados, análisis en la nube, acceso remoto e inteligencia artificial mejoran la supervisión de las instalaciones, pero también aumentan la complejidad y la exposición a nuevos riesgos.
La creciente digitalización de las plantas industriales está transformando la forma de gestionar la seguridad de proceso, al incorporar sensores inteligentes, análisis de datos, sistemas conectados, acceso remoto y herramientas basadas en inteligencia artificial.
Estas tecnologías permiten obtener una mayor visibilidad sobre las operaciones y detectar desviaciones con mayor rapidez, pero también introducen nuevos retos relacionados con la ciberseguridad, la integridad de los sistemas instrumentados de seguridad (SIS) y la gestión de la información.
Según Pradyumna Pandit, Chief Commercial Officer de Honeywell Technologies, el reto ya no consiste únicamente en implantar salvaguardas, sino en garantizar que la información relacionada con la seguridad permanezca precisa, conectada y accionable durante todo el ciclo de vida de la instalación.
Pandit advierte de que buena parte de la información de los procesos de seguridad continúa gestionándose mediante pasos manuales y desconectados. Esta situación puede provocar errores de transcripción, problemas de cumplimiento, retrabajos y retrasos en la puesta en marcha.
El directivo señala además que los cambios en las instalaciones, en los equipos y en las condiciones de producción pueden provocar que la realidad operativa se aleje de las hipótesis consideradas durante el diseño. La digitalización permitiría comparar de forma continua la intención de diseño con el comportamiento real de la planta, facilitando la identificación de desviaciones antes de que afecten al rendimiento o a la seguridad.
Uno de los ámbitos donde esta transformación puede tener mayor impacto es en la gestión del ciclo de vida de la seguridad. Información procedente de HAZOP, análisis LOPA, requisitos de seguridad, verificaciones SIL, pruebas funcionales y datos operativos puede integrarse en entornos digitales, evitando que cada actividad se gestione como un proceso independiente.
Honeywell considera que este enfoque resulta especialmente relevante para los nuevos proyectos asociados a la transición energética, como captura de CO₂, hidrógeno y electrificación, que incorporan nuevos procesos y condiciones de operación y requieren una mayor coordinación entre control, seguridad y gestión de activos.
La mayor conectividad también incrementa la superficie potencial de exposición a ciberataques. En este contexto, Sergej, de HIMA, señala que la digitalización de los flujos de trabajo y la disponibilidad de información de ingeniería, mantenimiento y operación aumentan las posibilidades de ataque y hacen que la ciberseguridad forme parte cada vez más del ámbito de la seguridad funcional.
En las plantas de proceso, el SIS debe mantener su independencia respecto al sistema básico de control de procesos (BPCS), de acuerdo con los principios establecidos en IEC 61511. Esta separación permite que las funciones de seguridad continúen operativas incluso cuando otros sistemas o infraestructuras de comunicación puedan verse comprometidos.
Desde Yokogawa Europe, Claudy de Groote, Business Development Manager, advierte de que los procesos industriales son cada vez más difíciles de proteger frente a influencias externas debido a ciclos tecnológicos más cortos, mayores dependencias, problemas de compatibilidad y una creciente vulnerabilidad frente a los ciberataques.
De Groote plantea, en este contexto, mantener determinadas funciones de seguridad mediante sistemas de seguridad cableados o hardwired, basados en tecnología analógica que no requiere software para ejecutar sus funciones de seguridad. Según explica, estas soluciones pueden complementarse con plataformas digitales de comunicación para proporcionar información sin comprometer la parte relacionada con la seguridad.
La propia estrategia de Yokogawa para seguridad combina actualmente sistemas instrumentados de seguridad, análisis de riesgos, plataformas digitales de control de trabajo y herramientas de ciberseguridad, reflejando la creciente convergencia entre seguridad funcional y protección de los sistemas industriales.
La digitalización ofrece, por tanto, nuevas herramientas para mejorar la trazabilidad, calidad y disponibilidad de la información de seguridad, pero exige mantener una separación adecuada entre las funciones de control y las capas independientes de protección.
El reto para las plantas químicas y de proceso será aprovechar los datos, la automatización y la IA para anticipar desviaciones y mejorar la gestión del riesgo, sin introducir nuevas dependencias que puedan comprometer las funciones de seguridad.
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