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La gestión de emisiones fugitivas es clave por razones regulatorias, ambientales, operativas y económicas. La combinación de tecnologías de detección y cuantificación, desde programas LDAR hasta monitorización satelital, permite localizar fugas, mejorar la eficiencia, reducir pérdidas, reforzar la seguridad y apoyar los objetivos empresariales de sostenibilidad y descarbonización.
Las emisiones fugitivas de compuestos orgánicos volátiles son, en la actualidad, un importante foco de atención para la industria, no únicamente por las crecientes exigencias regulatorias, sino también por su impacto sobre la calidad del aire y por su contribución al cambio climático.
Hay que entender que, a diferencia de las emisiones canalizadas, las emisiones fugitivas proceden de pérdidas no intencionadas en equipos, conexiones, válvulas, bridas, depósitos o sistemas de transporte y almacenamiento de gases y vapores.
Es precisamente su carácter de emisión no canalizada lo que dificulta su detección y cuantificación, y esta necesidad ha impulsado el desarrollo de metodologías y tecnologías específicas para su monitorización y control.
Respecto a las exigencias normativas, en el ámbito europeo, destacan la Directiva de Emisiones Industriales
(IED), que exige la aplicación de las Mejores Técnicas Disponibles para prevenir y minimizar las emisiones al medio ambiente, y el Reglamento (UE) 2024/1787 sobre la reducción de las emisiones de metano en el sector energético, que establece requisitos específicos de detección y reparación de fugas, monitorización y reporte.