Empresas Premium
Un equipo de investigadores del Institute of Science Tokyo ha desarrollado un biosensor capaz de detectar nanoplásticos presentes en el agua en menos de 20 minutos, un avance que podría facilitar el control de la contaminación por plásticos en aplicaciones medioambientales, industriales y de seguridad alimentaria.
El sistema, cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Biosensors and Bioelectronics, emplea una tecnología basada en resonancia de plasmón superficial (SPR) y un receptor biológico diseñado específicamente para reconocer partículas nanométricas de plástico, permitiendo una detección rápida y altamente sensible.
Mientras que los microplásticos han centrado gran parte de la atención científica durante los últimos años, los nanoplásticos, con dimensiones inferiores a una micra, representan un desafío aún mayor debido a su reducido tamaño y a la dificultad para detectarlos mediante las técnicas convencionales.
Estas partículas pueden generarse por la degradación de materiales plásticos o liberarse directamente durante determinados procesos industriales, permaneciendo en suspensión en el agua y pudiendo incorporarse posteriormente a los ecosistemas e incluso a la cadena alimentaria.
La ausencia de métodos rápidos y sencillos para su identificación constituye uno de los principales obstáculos para evaluar con precisión su presencia y sus posibles efectos sobre la salud y el medioambiente.
El nuevo biosensor desarrollado por los investigadores utiliza una superficie funcionalizada con biomoléculas capaces de unirse selectivamente a los nanoplásticos. Cuando estas partículas quedan retenidas sobre el sensor, se produce una variación en la señal óptica medida mediante resonancia de plasmón superficial, permitiendo detectar su presencia prácticamente en tiempo real.
Según los autores del trabajo, el sistema ofrece una elevada sensibilidad, tiempos de análisis inferiores a 20 minutos y un procedimiento considerablemente más sencillo que las técnicas instrumentales utilizadas habitualmente, como la microscopía electrónica o determinados métodos espectroscópicos.
Estas características podrían facilitar su utilización tanto en laboratorios como en futuras plataformas portátiles destinadas al control de calidad del agua.
Además del seguimiento de la contaminación ambiental, los investigadores consideran que esta tecnología podría encontrar aplicaciones en plantas de tratamiento de aguas, industrias alimentarias, laboratorios de control ambiental y centros de investigación, donde la detección temprana de nanoplásticos resulta cada vez más relevante.
La disponibilidad de herramientas analíticas rápidas también podría contribuir a mejorar los sistemas de monitorización exigidos por futuras regulaciones sobre contaminación por plásticos y facilitar el desarrollo de estrategias más eficaces para reducir su impacto.
El equipo responsable del desarrollo señala que el siguiente paso será validar el biosensor con muestras ambientales más complejas y ampliar su capacidad para detectar distintos tipos de polímeros presentes en aguas naturales y residuales.
Este avance refuerza el papel de los biosensores como una de las tecnologías emergentes con mayor potencial para el análisis químico y medioambiental, ofreciendo soluciones cada vez más rápidas, sensibles y adaptadas a las necesidades del control industrial y de la protección del medioambiente.
|